Libros para leer junto al fuego en invierno y a la sombra de un árbol en verano

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miércoles, 1 de mayo de 2019

SIETE CUENTOS MORALES de J.M. Coetze


Premio Nobel de Literatura 2003

Son 7 relatos independientes, que no siguen una cronología temporal, pues al final de cada uno indica cuando fueron escritos, y las fechas varían hacia delante y hacia atrás en el tiempo. Parecen inconexos pero tienen un fondo común, que es que el autor muestra su pensamiento y sus inquietudes sobre ciertos temas, como la vejez, la soledad, la relación de una madre y sus hijos, el maltrato animal, el sexo. Y en 5 de ellos lo hace a través de un mismo personaje, Elizabeth Costello, al que ya había recurrido en otros libros, incluso hay uno titulado así. Y es como su alter ego. Por lo que resulta interesante buscar y leer sobre la vida del autor, para entender mejor el porqué expresa y habla sobre estas materias.
Del primero al último de los cuentos consigue llevar a la reflexión, a que pensemos sobre la naturaleza humana, que nos pongamos en el lugar del personaje y opinemos sobre su comportamiento. Incluso en cada historia lanza preguntas, algunas sin la respuesta, haciendo que nuestra mente también se ponga en marcha con respecto a esos asuntos. Que no dejan para nada indiferente.
También hay referencias a Chejov, Robert Musil, Agustín, Thomas Hardy, Heidegger, Keats, que motivan a acercarse a sus textos.
Seguramente no es el mejor libro para conocer la narrativa de Coetze, al ser de relatos, porque siempre parece que saben a poco. Pero es el que tocaba en el club de lectura de la biblioteca. Y tras leerlo apetece buscar alguno de sus otros libros.

Algunas frases del libro:
“¿Acaso es irracional desear algo muy intensamente y hacer lo que sea necesario para conseguirlo?”

“La alianza es el único signo visible que distingue a una mujer casada de otra que solo es una mujer. Si hay algún otro signo, invisible, no sabe qué puede ser. Específicamente, cuando mira su corazón, lo único que ve es que ella es ella misma.”

“De un ánimo sombrío no surgen pensamientos interesantes.”

Contracubierta o parte de la misma:
Los seguidores de John M. Coetzee reconocerán a la feroz pensadora Elizabeth Costello, cuyas «ocho lecciones» nos llegaron a través del libro que lleva su nombre, de 2003. Se trata de una ficción didáctica, pero a su vez los relatos sorprenden por su capacidad de convocarnos a reflexionar sobre los desafíos que compartimos y que van más allá de lo individual.
Hay algo en este libro que recuerda la antigua, perenne ley del budismo: compasión hacia todo ser viviente. «Siempre abrigué la convicción de que tengo cierto grado de acceso -¿cómo decirlo?- a la interioridad de los animales -dice Costello-. [...] Por la facultad de la empatía que, en mi poco científica opinión, es innata en nosotros. Nacemos con esa facultad [...] y podemos optar por cultivarla o dejar que se marchite».
Cada uno de estos Siete cuentos morales del premio Nobel funciona como un rompecabezas, un objeto hipnotizante que parece llevarnos a otra parte pero termina por reubicarnos frente a nuestra propia realidad. Nos proponen nada menos que repensar cómo interpretamos las consecuencias de nuestras decisiones cotidianas.
Elizabeth Costello lucha por asegurar la cristalización de pensamientos que pocos se esforzarían por comunicar. Dudas acerca de la moral de nuestra relación con el mundo, de nuestra capacidad de comprender otras formas de vida y de llevar con responsabilidad la convivencia con ellas.

Traducción de Elena Marengo

Fotografía de la cubierta: Nico Hardy



miércoles, 24 de octubre de 2018

PROHIBIDO NACER de Trevor Noah

Memorias de racismo, rabia y risa

Saber como es la vida actual de Trevor Noah, datos que aparecen al principio de este libro, hace más llevadero el relato autobiográfico de su infancia, adolescencia y juventud. Pues este repaso a su vida desde el momento en que nació en Sudáfrica, cuando el apartheid, fruto de la relación entre una mujer negra y un hombre blanco, ya deja vislumbrar que lo que leeremos en estas páginas puede ser doloroso pues no debió ser un camino fácil.
Pero su madre no se detuvo por nada, refugiándose en la religión, fue enfrentándose a los obstáculos de la vida. Fue una mujer decidida. Alguien que “jamás tuvo miedo. Ni siquiera cuando debería haberlo tenido.” Una mujer independiente en un mundo donde no podía serlo. Y a pesar de las dificultades que tuvo que pasar, no se fue a otro lugar, decía que Sudáfrica era su país. Entonces ¿por qué tendría que marcharse? Y se quedó, y tropiezo a tropiezo siguió adelante. Teniendo una relación muy especial con su hijo. Ella le mostró el mundo.
Y Trevor nos muestra su vida contada desde la primera fila, explica con una lógica aplastante la realidad que vivió. Utilizando un lenguaje, en ciertos momentos, irónico y ácido, frases con doble sentido, mientras hace una clara crítica social y política del país donde nació.
Parece que no deja nada por contar. Son muchas las situaciones y los momentos que recuerda, algunos impactantes, otros donde se ve la fortaleza de su madre, y la capacidad de ambos para sobrevivir, tanto fuera como dentro del seno de su familia. También hay curiosidades como cuando cuenta la importancia de saber idiomas, en concreto de los diferentes grupos étnicos del país, pues a Trevor le salvó el pellejo en diversas ocasiones (ver más adelante una frase de Nelson Mandela). O cuando comenta el barullo que se montó porque un amigo suyo se llama Hitler, y da una explicación muy clarita diciendo que Occidente recoge lo que siembra, pues la colonización de África hizo trabajar mucho a los negros pero no les dio educación, además los blancos no hablaban a los negros, por tanto éstos no se enteraban de noticias que pasasen en el resto del mundo, y por ejemplo muchos no sabían quien fue Hitler, ni lo que hizo, por lo que no era extraño que al tener la obligación de poner un nombre europeo a los hijos, eligiesen nombres que sencillamente habían oído.
Estos temas están expuestos casi como anécdotas, a pesar de lo serios que son, pero en todo el texto predomina el tono de su faceta profesional como monologuista. Y así con un toque de humor negro, y como si para él fuese la mejor forma de enfrentarse a su dramática experiencia vital, nos hace partícipes de lo que fue el apartheid, ser mestizo, la pobreza, la supervivencia, los malos tratos, pero sobre todo comparte el amor hacia su madre. a quien le da las gracias por haber hecho de él un hombre.
A mi esta lectura me ha hecho más consciente de los problemas sociales y políticos que nos rodean, porque aunque ya no exista el apartheid como tal, sí existe el racismo. Me parece terrible la deshumanización de la sociedad, oigan por si no se han enterado ¡estamos en el siglo XXI!. Y el relato sincero de Trevor Noah, que te lleva de la sonrisa a la tristeza, de la rabia a la esperanza, puede ayudar a que quien lo lea abra los ojos a esta realidad.

Algunas frases del libro:
“Cuesta explicarlo, pero yo sabía lo que tenía que hacer. Era un instinto animal, propio de un mundo donde la violencia siempre estaba al acecho y a punto de estallar. En los municipios segregados, cuando la policía se te echaba encima con su equipamiento antidisturbios, sus coches blindados y sus helicópteros, yo sabía lo que había que hacer: Corre y ponte a cubierto. Corre y escóndete. Lo sabía desde los cinco años.”

“Tuvieron que salir bien un millón de cosas para que nosotros saliéramos tan milagrosamente bien parados durante tanto tiempo.”

“Aprende de tu pasado y haz que ese pasado te ayude a ser mejor persona.”

“Si sumas todo lo que has leído en Internet en un año – tuits, posts de Facebook, listas – habrás leído el equivalente a una tonelada de libros, pero en realidad no habrás leído un solo libro en todo el año.”

Nelson Mandela dijo una vez: “Si hablas con un hombre en un idioma que él entienda, eso le va a la cabeza. Pero si hablas con él en su idioma, eso le va al corazón.” Y qué razón tenía. Cuando haces el esfuerzo de hablar el idioma de otra persona, por mucho que solo sean frases básicas sueltas, lo que les estás diciendo es: “Entiendo que tienes una cultura y una identidad que existen fuera de mí. Te veo como a un ser humano."

Contracubierta o parte de la misma:
Mi madre me quería tanto, que tuvo que tirarme de un coche en marcha para que huyera.
Mi padre me quería tanto, que cuando paseaba conmigo lo hacía por la vereda de enfrente, sin mirarme.
Mi padre era suizo, muy blanco.
Mi madre era xhosa, muy negra.
Y, según las leyes del apartheid, por ser de razas distintas tenían prohibido hacer el amor.
Pero al parecer lo hicieron... porque nací yo.
Lo peor que podía haber hecho.

Traducción de Javier Calvo

Ilustración de la cubierta: David de las Heras



viernes, 6 de julio de 2018

CUANDO ÉRAMOS HERMANAS de Sheila Kohler


Los dos temas que trata la autora en este libro son terribles: violencia de género y apartheid.
Sin embargo su forma de abordarlos es simple, y esa sencillez hace que no se convierta en una lectura dolorosa. Sino más bien abre los ojos a una época, mediados del siglo XX. En un país, Sudáfrica. Donde familias blancas y adineradas, como la suya, educaban a sus hijas “para casarse con alguien rico y vivir en una casa grande con muchos criados.”
Ambas crecieron en ese ambiente, aunque las dos estudiaron y viajaron por Europa, y mientras Sheila a los 17 años se marchó de Sudáfrica, Maxine se quedó y se casó con un cirujano. Sus vidas quedaron marcadas por la muerte de su padre, tenían 8 y 10 años, por la actitud y ausencias de su madre, y por unos maridos que eligieron equivocadamente. Cada una lleva su procesión por dentro pero no se lo cuentan todo para no herir a la otra.
Este libro es una historia real sobre la vida y muerte de la hermana de la autora. Para Sheila el fallecimiento de su hermana Maxine es el comienzo de su vida escribiendo. Porque escribir sobre ésto es una especie de terapia. Desde ese momento busca respuestas a un montón de porqués. La invaden los sentimientos de amor y de culpa, por no haber hecho más, por no haber sabido escucharla, por no haberla protegido.
Por otra parte su madre sabe lo que ocurre, pero tampoco reacciona. Y cuando ya no hay nada que hacer su decisión es evitar el escándalo, la excusa son sus nietos, pero la realidad es que “la verdad queda apagada, escondida, silenciada”.
En apenas 200 páginas están los recuerdos de las vidas de las dos hermanas, sin orden ni cronología, entremezclados en la memoria de la autora, hasta ella misma duda de qué es recuerdo y qué es ficción, pues lleva 30 años escribiendo sobre sus fantasmas.
Es un relato que no deja indiferente. Contado desde la intimidad (se lo dedica a los 6 hijos de Maxine). Con preguntas que aún buscan respuesta.

Algunas frases del libro:
“Nos encanta contemplar la vida por nuestra cuenta, ver el mundo como hacíamos, de niñas, con nuestro jardín, a través del prisma de nuestra imaginación o la de los artistas que admiramos. Estamos ansiosas por conseguir por lo menos una ilusión efímera de libertad. Nos encanta estar juntas. El recuerdo de esos momentos perdidos viene a mí ahora con todo el dolor de sus intensos detalles.”

“Le cuento que en realidad no me siento en casa en ninguna parte, nunca, y sin duda no en París, excepto quizá con ella, mi hermana. Maxine asiente, dice que nadie habla el idioma que hablamos nosotras; nadie encuentra divertidas las mismas bromas; nadie se ríe como hacemos nosotras juntas. Nadie entiende.
El idioma de la infancia.”

Contracubierta o parte de la misma:
Es la historia real de Maxine y Sheila Kohler. Criadas en la sociedad elegante y a la vez sofocante de la Sudáfrica de los años 50, crecen con la esperanza de una vida esplendorosa que las aleje de su dominante madre y de la larga sombra de su difunto padre. Maxine va a cumplir cuarenta años cuando su marido, un cirujano brillante y respetado, se sale de la carretera en su coche y la mata.

Traducción Mariano Antolín Rato

Imagen de la cubierta: cortesía de la autora.