En primer lugar conviene situarse
temporalmente y geográficamente para entender los escenarios descritos en este
libro, que se desarrollan en España, sobre todo entre Sevilla y Madrid, en la
mitad del siglo XVIII. Y que como podemos leer al final del mismo, en una nota
del autor, algunos de los hechos relatados tienen una base histórica.
Como curiosidad en ese Madrid de
la Ilustración, de cambios y mejoras en la Villa y Corte, ya aparece, y es
nombrada varias veces, la calle Barquillo, y digo que me resulta curioso porque
en ella nació una de mis abuelas, además, también se menciona la calle del Pez,
y allí vivió una de sus hermanas. Son esas coincidencias que por un momento,
tras leer el nombre, te llueven los recuerdos.
Volviendo al hilo de mi opinión
sobre esta lectura, una de las cosas que más me han llamado la atención de esta
novela es el símil entre dos pueblos, el negro y el gitano, el primero
representado por un único personaje, Caridad, y el segundo representado por
varios, destacando a Melchor, Milagros y Ana entre muchos otros. Dos razas que
desean, defienden y aman la libertad, porque para ellos es lo más preciado.
Tienen en común que han sido
perseguidos, con detenciones injustas por ser diferentes, que han sufrido el
arrebato de unos gobernantes cuyo objetivo era su extinción, que tras la
expulsión de los moriscos les tocaba el turno a los gitanos. Y en medio de esta
vorágine se ve envuelta Caridad, quién de pequeña fue arrebatada de manos de su
madre, llevándola de África a Cuba, teniéndola esclava en las plantaciones de
tabaco, y cuando, por fin, consigue la libertad se encuentra en un país
extraño, España, y con muchas dificultades para poder desenvolverse, su
experiencia le lleva a pensar en que poco había cambiado su vida, curiosa
libertad la que le toca vivir. Llegando a conformarse con todas las situaciones
que se encuentra en el camino.
Vidas casi paralelas las de estas
mujeres cuyo delito es haber nacido hembras y por tanto se han visto sometidas
a los hombres. Entre ellas surge una amistad que no distingue colores en la
piel tan solo son seres humanos que se necesitan, que se escuchan, que se
ayudan, que comparten el dolor, la desgracia, que desean la felicidad,
Aunque se habla del pasado de
Caridad, que pienso que de manera simbólica representa a toda su raza, y nos transmite su
sufrimiento durante la esclavitud, esa pérdida de la libertad, esa tremenda
injusticia a la que se ve sometida. Es mucho mayor el espacio dedicado a los
gitanos, con un acercamiento a su cultura, a sus orígenes, a su historia, a sus
leyes. Ésas que defienden la naturaleza, la tierra, los caminos, la libertad,
ese ir y venir de un lado a otro sin que nadie ni nada los ate, la unidad en
las familias, en definitiva, el orgullo de raza. Junto a los hechos acontecidos
en ese tiempo histórico como fue el encarcelamiento de 12.000 gitanos,
perseguidos, detenidos y declarados culpables por pertenecer a ese pueblo,
enfrentándose desde ese momento a otro tipo de esclavitud. Encontrándose negros
y gitanos en una situación similar con un futuro mísero y muy incierto.
No me ha convencido el final de
la novela, el como se desarrollan los hechos, aunque es lo deseado pero a mi
parecer le quita un poco de realismo. No puedo explicarlo mejor para no desvelar
nada, quién haya leído la novela seguramente sí lo sepa interpretar. Sin
embargo, el conjunto es bueno, es una temática interesante donde se trata la
intolerancia en una época determinada, y nos acerca el sentir de un pueblo del
que conocía y conozco más tópicos que su realidad.
Pero entre las páginas de esta
historia también encontraremos otros referentes como la música, el cante y el
baile. Y un sitio para la belleza, cuando en Triana, entre naranjos, nos
deleitemos con el hechizo que sufre Melchor al escuchar el canto de una mujer.
Y con el tiempo ella, gracias a él, conocerá, sentirá, amará y será libre.
Algunas frases del libro:
“Sus lágrimas son tan tristes
como las nuestras.”
“Somos una raza perseguida desde
hace muchos años; nos tienen por maleantes solo por ser diferentes.”
“Todos los negros cantamos igual.
No sé..., es nuestra forma de hablar, de quejarnos de la vida. Allí, en las
plantaciones, mientras trabajábamos nos obligaban a cantar para que no
tuviésemos tiempo de pensar.”
“Sonrió la una. Lo hizo también
la otra. No se atrevieron a fundirse en un abrazo a la vista de la gente, pero
en un solo segundo se dijeron mil cosas en silencio.”
“La vida es un momento: este.”
“Tu belleza está en el orgullo de
gitana que nunca perdiste.”
Contracubierta o parte de la misma:
En la España del siglo XVIII, una
conmovedora historia de amistad, pasión y venganza une dos voces de mujer en un
canto desgarrado por la libertad.
Solapa:
En enero de 1748, una mujer negra
deambula por las calles de Sevilla. Atrás ha dejado un pasado esclavo en la
lejana Cuba, el hijo al que nunca volverá a ver y un largo viaje en barco hasta
las costas españolas. Caridad ya no tiene un amo que le dé órdenes, pero
tampoco un lugar donde cobijarse cuando se cruza en su camino Milagros Carmona,
una joven gitana de Triana por cuyas venas corre la sangre de la rebeldía y el
arte de los de su raza.
Las dos mujeres se convierten en
inseparables y, entre zarabandas y fandangos, la gitana confiesa a su nueva
amiga su amor por el apuesto y arrogante Pedro García, de quien la separan
antiguos odios entre ambas familias. Por su parte, Caridad se esfuerza por
acallar el sentimiento que está naciendo en su corazón hacia Melchor Vega, el
abuelo de Milagros, un hombre desafiante, bribón y seductor aunque también
firme defensor del honor y la lealtad para con los suyos.
Pero cuando un mandato real
convierte a todos los gitanos en proscritos, la vida de Milagros y Caridad da
un trágico vuelco. Aunque sus caminos se separan, el destino volverá a unirlas
en un Madrid donde confluyen contrabandistas y cómicos, nobles y villanos; un
Madrid que se rinde a la pasión que emana de las voces y bailes de esa raza de
príncipes descalzos.