Libros para leer junto al fuego en invierno y a la sombra de un árbol en verano

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lunes, 16 de diciembre de 2013

INTEMPERIE de Jesús Carrasco

Personajes sin nombre, en alguna época y en algún lugar sin concretar. Sólo descripciones muy detalladas de una comarca despoblada, de un páramo dejado de la mano de Dios, de los llanos bañados por el sol que deja el pasto seco. Transmitiendo sensaciones de sequía, de terrenos baldíos y yermos, de suelo pedregoso y tierra árida, donde el sol cae a plomo. Y en estos parajes es donde un muchacho quería alejarse de su casa, de su padre, del alguacil y de su pueblo. Huir. Y acaso ¿el tiempo y la distancia harán que se tranquilice?
Se fugó porque necesitaba alejarse del infierno y sufrimiento en que vivía. Pero no planificó cómo hacerlo ni que tendría que sobrevivir en condiciones extremas. Llegando a pensar que algo malo habría hecho para merecer el hambre y a su familia. Cree que ese es su lugar, resignándose, le da igual morir que regresar. Pero el encuentro con un viejo pastor ¿le ayudará?
Este libro está escrito con un léxico cuidado, rico y rebuscado, un vocabulario de términos rurales en desuso que nos recuerda la belleza del castellano. Aunque conviene tener a mano un diccionario si queremos ampliar el significado de cada palabra. Es un texto denso que deja la sensación de que el tiempo no avanza. Tan denso como la sequía que provocó la ruina del pueblo, sometiendo a sus habitantes a las reglas de la tierra seca, originando la desolación que desencadenó la despoblación. Y avanzaremos despacio con este niño desde que empezó su huida una noche sin luna, y para él se inició, o tal vez se terminó, todo.
Podemos imaginar el lugar, e incluso la época, por las descripciones tan minuciosas y los términos utilizados. Podemos sentir la sed y el hambre, la aridez de las tierras, el desasosiego de los personajes. Podemos ver el contraste entre los caciques y la pobreza. Podemos preguntarnos si este niño crecerá ejerciendo la violencia que siempre ha visto a su alrededor. Podemos ver como un viejo podría cambiar ese futuro. Podemos leer despacio, con la misma lentitud que el paso del tiempo en este libro. Podemos pensar que no sucede nada. Pero según avancemos la lectura, entre el paisaje que cada vez cobra más protagonismo, irán surgiendo algunos personajes, pocos, pero suficientes, conoceremos algo del pasado y la historia irá teniendo cada vez más sentido. Y terminaremos con una novela que, aunque empezó pareciéndome lenta y recargada de vocabulario, ha conseguido dejarme pensando en la dureza de ese lugar y en esos personajes anónimos que crecen en la intemperie.

Algunas frases del libro:
“Frente a aquella marmita de dolor, el chico pensó que sólo su extrema debilidad le impedía matarse.”

“El recuerdo de que podría existir un lugar en el que respirar mejor.”

“La intemperie le había empujado mucho más allá de lo que sabía y de lo que no sabía acerca de la vida.”

“Puede que la distancia, el tiempo y el roce incesante con la tierra limaran sus asperezas y lo calmaran.”

Contracubierta o parte de la misma:
Un niño escapado de casa escucha, agazapado en el fondo de su escondrijo, los gritos de los hombres que lo buscan. Cuando la partida pasa, lo que queda ante él es una llanura infinita y árida que deberá atravesar si quiere alejarse definitivamente de aquello que le ha hecho huir. Una noche, sus pasos se cruzan con los de un viejo cabrero y, a partir de ese momento, ya nada será igual para ninguno de los dos.