Es una novela contada en dos
tiempos, el actual, en concreto el año 2010, centrándose en la vida de Violeta
Lax, especialista en arte, sobre todo, en el pintor Amadeo Lax, su abuelo. Y
remontándose a sus bisabuelos, a finales del siglo XIX y principios del siglo
XX, en aquella Barcelona modernista, con los almacenes El Siglo, la Exposición
Universal de 1929, la Semana Trágica, el estallido de la Guerra Civil.
El narrador alterna las dos
épocas, reconstruyendo el pasado para que podamos entender el presente. Pero no
se sigue un orden cronológico, adelanta acontecimientos y otras veces vuelve
hacia atrás, constituyendo un puzzle a veces difícil de componer. Sin embargo
el momento actual si está ordenado. Tal vez, por este motivo, me ha enganchado
más el presente, he seguido con más interés y me ha mantenido más en vilo los
pasos en la vida de Violeta Lax y los personajes que la rodean que los de sus
antepasados, aunque cada uno tiene sus puntos de intriga. Ambas épocas se complementan
dando como resultado una buena novela.
También es destacable la forma de
presentarnos el relato al combinar narración con e-mails, artículos de prensa y
fichas de obras pictóricas. Aportando cada uno datos relevantes para
reconstruir el pasado familiar de Violeta. Lo mismo que es una estupenda guía
el árbol genealógico y el índice de personajes del final del libro. En este
último los nombres subrayados corresponden a personas reales. Y es que la
autora ha realizado una documentada ambientación histórica, pero como ella
misma especifica es una historia de ficción.
Me ha llamado la atención que en
algún momento el narrador muestra la escena como si fuese el siguiente acto de
una obra de teatro, y en una ocasión el mismo se refiere a los lectores como
“seres fuera del tiempo” y dice que sabemos todo sobre los personajes.
Cuestiones que los propios protagonistas en ocasiones desconocen.
Sobre el tema del arte, tratado
continuamente en la novela, puesto que para algunos de los personajes es su
profesión, se hace una crítica a las instituciones públicas, a veces, incapaces
de cumplir sus promesas. Y son muy detalladas las fichas descriptivas de los
cuadros, por cierto, cada una en el momento más adecuado dentro del curso de la
novela.
“Habitaciones cerradas” es una
historia familiar donde los fantasmas del pasado están presentes, y la cuestión
es qué pasaría si se supiera toda la verdad sobre ellos. Violeta lleva ese peso
sobre su espalda, y en un momento de su vida donde está huyendo para avanzar,
sin saber que su bisabuelo, su abuelo y su padre también lo hicieron, tendrá
que tomar importantes decisiones para hacer las paces con el pasado y recuperar
el presente.
Algunas frases del libro:
“El arte siempre es la prueba de
algo. Del dominio de los muertos sobre los vivos, al menos. Ésa es su
finalidad. Nos permite retener lo que el tiempo destruye.”
“La memoria inédita que esconden las hemerotecas del mundo.”
“El tiempo avanza más deprisa que el olvido.”
“Amores imposibles los hay en los rincones polvorientos de todas las vidas humanas.”
“Cada uno de nosotros somos muchas personas. Y a cada cual mostramos una sola de esas múltiples caras.”
Contracubierta o parte de la misma:
En la
convulsa y fascinante Barcelona del modernismo, la matriarca de una de las
sagas más prestigiosas de la ciudad prepara el traslado a su nuevo hogar, un
precioso palacete vecino del por entonces incipiente Paseo de Gracia. Las
paredes de esa casa serán el celoso guardián de unas vidas repletas de
ambición, secretos inconfesables y pasiones ocultas. Ésa es la herencia que el
tiempo confiará a Violeta, última de la estirpe: el pasado, visto desde el
presente, siempre es un rompecabezas al que le faltan piezas...
