Libros para leer junto al fuego en invierno y a la sombra de un árbol en verano

domingo, 28 de agosto de 2011

SEDA de Alessandro Baricco



"Seda" es la historia de un hombre, Hervé Joncour, que compraba y vendía gusanos de seda cuando todavía eran minúsculos huevos. Pero también es la historia de su mujer, Hélène, que tenía una voz bellísima. La historia de Baldabieu, el hombre que cambió su vida. La historia de Hara Kei, el hombre más inexpugnable de Japón. Y la historia de una misteriosa mujer, con el rostro de una muchacha joven, ojos que no tenían sesgo oriental y a la que Hervé nunca llegó a oír su voz.
Este conjunto de historias componen este relato que transcurre en la segunda mitad del siglo XIX entre Francia y Japón. Contándonos de una manera sencilla, y repetitiva, el ir y venir de Hervé Joncour tratando de conseguir las preciadas larvas. Mientras somos testigos del cambio que se va produciendo en su vida y de manera extensible en el resto de personajes.
Los capítulos son muy cortos, casi como pinceladas de un gran cuadro que poco a poco va tomando forma. Mientras que la narración en algunos momentos parece poesía. Tiene un ritmo pausado y armonioso que va in crescendo sólo interrumpido por la descripción de los viajes, donde Baricco ha utilizado la técnica de la repetición, con una excepción y es que va modificando el significado del lago Baikal.
El propio autor nos indica que no es una novela, ni un cuento, podría ser un relato largo e incluso una fábula, ciertamente es difícil de clasificar, sencillamente a mi me ha parecido una bella historia.

Algunas frases del libro:

“A cada uno de ellos, Baldabieu le había revelado, sin más problemas, los secretos del oficio. Eso lo divertía mucho más que ganar dinero a espuertas. Enseñar. Y tener secretos que contar. Así era aquel hombre.”

“Por la tarde permanecía largo rato, bajo el pórtico de su casa, sentado junto a su esposa Hélène. Ella leía un libro en voz alta y eso le hacía feliz porque pensaba que no había otra voz tan bella como aquella en el mundo.”

“Hara Kei siguió caminando, con un paso lento, ajeno a cualquier forma de cansancio. A su alrededor reinaba el más absoluto silencio, y el vacío. Como cumpliendo un extraño precepto, a donde quiera que fuese, aquel hombre andaba en una soledad sin condiciones, y absoluta.”

“Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca.”

“No estaba hecho para conversaciones serias. Y un adiós es una conversación seria.”

“Tenía consigo la indestructible calma de los hombres que se sienten en su lugar.”

Contraportada: 

Baricco presentaba “Seda” en su país con estas palabras: Ésta no es una novela. Ni siquiera un cuento. Ésta es una historia, que empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento.
Con un ritmo cuidadosamente estudiado, el autor despliega una historia entre Francia y Japón y el comercio de seda, en la que se entremezclan con exquisita sencillez y serena elegancia el amor, el dolor, la melancolía y el deseo. Pero no es solamente una historia de amor. En palabras del propio autor, “si sólo fuera una historia de amor, no habría valido la pena contarla”.

Traducción de Xavier González y Carlos Gumpert

domingo, 21 de agosto de 2011

LOS CARACOLES NO SABEN QUE SON CARACOLES de Nuria Roca



Esta novela se lee prácticamente de un tirón, porque desde el primer capítulo, el cual me ha sorprendido bastante porque no esperaba para nada el último párrafo, hasta el final del libro he visto a Clara, la protagonista, como una mujer actual, con la que puedes identificarte, lo mismo que con el resto de personajes, en todos hay rasgos de personas normales a quienes les suceden cosas normales. Y esta normalidad es lo más atractivo de esta historia. Cualquiera podemos vernos reflejados en las diferentes situaciones, a veces tristes y otras veces graciosas, como sucede en la vida misma.
Además, Nuria Roca ha sabido hablarnos de muchos temas importantes en las relaciones humanas, ha conseguido transmitirlos a través de los sentimientos de Clara, que es la narradora en primera persona. Nos ha contado esa vida tan normal de una mujer de treinta y tantos, divorciada y con hijos, en crisis con todo lo que le rodea, el trabajo, su ex marido, los niños, sus padres, el sexo. Que acude a una psicoanalista a quién después de dos años de tratamiento, por fin, es capaz de expresarle su estado de ánimo y así empieza a ser sincera consigo misma. 
Una mujer que muchas veces no sabe que hacer con su vida, cansada de tanto estrés, insegura, sobreprotegida desde pequeña por su familia, que en algunos momentos se siente sola, a veces confusa y otras incapaz de ordenar sus ideas y sentimientos. Y que, sin embargo, según avanza la novela somos testigos de como va evolucionando, de como poco a poco su vida va cambiando.
Como dice su mejor amiga, Esther, hablando del personaje de una novela que está escribiendo:
“Es una tía fantástica y no lo sabe. Ella no se ve así. Está tan pendiente de tantas cosas que no puede verse.” La verdad es que esta conversación, que es más extensa, entre las dos amigas define perfectamente el personaje de Clara.
Por cierto el título algo tiene que ver con lo anterior. Últimamente los libros que he leído tienen títulos un tanto especiales, no reflejan directamente la temática, pero si dan sentido a la misma.
Me ha gustado el desarrollo de la historia, con un gran comienzo y como poco a poco vamos conociendo a todos los personajes a través de la propia Clara. Destacaría la relación con sus padres porque hay momentos que me han parecido muy emotivos, y las divagaciones sobre sus hijos, sobre su educación, sobre el tiempo que les dedica. Así como también la relación tan especial con su hermana, quién desde un segundo plano juega un papel muy importante en el desarrollo de esta novela.
En definitiva un libro entretenido, ágil de lectura, realista y lleno de sentimientos. Otro punto destacable es que nos introduce en los entresijos del mundo de la televisión.
Además, el que una mujer sea protagonista no excluye que pueda ser leída por todos, hombres o mujeres.

Algunas frases del libro: 

“La risa es el mayor punto de unión que tengo con mi hermana. Su risa es también la mía.”

“Me estoy haciendo mayor. Es algo que sientes justo cuando descubres que tu madre necesita tu ayuda. Ese día tu vida cambia definitivamente y no hay vuelta atrás. Las madres no pueden ser vulnerables, no pueden estar desprotegidas. Ellas deben saber siempre qué hacer y en qué momento para solucionar los problemas. Las madres no son mujeres, las madres son madres. Así es hasta un día en el que todo cambia y eres tú la que tienes que ayudar. En ese momento te toca a ti ser mayor y te pilla desprevenida. Estás sola, no hay red para equivocarse y da mucho miedo.”

“Nunca es tarde para descubrir quién eres.”

“Mateo y Pablo son todavía muy pequeños, pero me da mucho miedo equivocarme al educarlos. Muchas veces no sé qué hacer con mi vida y, sin embargo, hay dos personas en el mundo que dependen de mí. De los valores que les transmita, de cómo los eduque, de lo que vean en mi comportamiento puede depender su felicidad cuando sean mayores. Si les regaño a destiempo, me siento fatal, no soporto cuando a veces les grito sin merecérselo y pagan muchos platos que no han roto. No estoy el suficiente tiempo con ellos y cuando lo estoy no sé si lo aprovecho. Hay muchas veces que no me apetece estar con ellos porque me agotan, pero en cuanto no los veo durante un día los echo muchísimo de menos.”

“Estoy un poco harta de tanto profundizar en mi interior porque, por mucho que quiera, nada de lo que me ha pasado lo puedo cambiar.”

“La vida es imprevisible, dura, insoportable y maravillosa.”

Contraportada: 

Una mujer en el mundo es una novela.
Clara, 35 años, divorciada y con dos hijos, tiene una vida tan normal como la de cualquiera, hasta que un día sucede algo que la cambia por completo.

miércoles, 10 de agosto de 2011

UN TRANVÍA EN SP de Unai Elorriaga



Premio Nacional de Narrativa 2002

Esta novela es diferente a otras, porque tiene un estilo original por la forma en que está estructurada, utiliza mucho frases cortas que dejan intuir lo que está contando, donde lo destacable no es la narración sino los sentimientos que transmite.
Lucas y su hermana María son muy mayores, él tiene pérdidas de memoria y ella empieza a tenerlas. Él sueña con escalar las 14 montañas de ocho mil metros que hay en el mundo y ella le respalda en sus sueños. Él escribe por orden del médico para que no pierda tan rápido la cabeza y ella escribe porque es lo que siempre ha querido. Él ha tenido una carpintería y ella ha sido maestra. Él se quedó viudo y los dos perdieron a otro hermano.
Ahora se tienen el uno y el otro junto a sus recuerdos.
En sus vidas aparece un joven, Marcos, a quien encuentran un día al volver del hospital viviendo en su casa, y al que le ofrecen quedarse. Como si fuese lo más normal, porque otra característica de esta novela es la cotidianeidad.
Desde ese instante sus vidas se entremezclan de tal manera que empiezan a formar una familia. En la que también se involucra Roma, una mujer de la que se enamora Marcos. Esta unión de juventud y vejez es muy especial.
La relación de estos personajes crea sensación de ternura y de cariño, y lo hace con tanta sencillez que convierte cualquier situación en algo natural, llegando a provocar más de una sonrisa a la vez que deja una leve sensación de tristeza.
El pasado y el presente nos llegan intercalados, los recuerdos son casi tan importantes como el día a día. Las referencias a los ocho miles desde el Annapurna hasta el Shisha Pangma (SP) son continuas. Utiliza bastante los símiles. Y el contenido y el significado de las frases es en algunos momentos casi poético.
No es un libro para cualquier lector, no es un best seller, creo que para saborear esta novela hay que leerla despacio, no intentando sacarle sentido a la historia sino intentando extraer los pequeños detalles, esos que nos enseñan lo maravilloso que puede ser compartir la vida y convivir, sin pedir nada a cambio, sólo disfrutando con la compañía.

Algunas frases del libro: 

“En la calle se oían las vacaciones de los niños y los niños oyeron, a su vez, un ruido extraño y aparatoso, que no era más que el beso que le estaba dando María a su hermano, en la habitación del hospital.”

“Lucas tenía dos tipos diferentes de ojos: los azules, los de antes, y los grises, los de ahora. María le solía decir lo mismo, dos cabezas tienes tú, la de ahora y la de hace sesenta años.”

“Lucas le solía decir a Marcos que el día tiene dos partes. Casi todos los días tienen dos partes: el día en sí y cuando el día empieza a dejar de ser día.
Decía que el día en sí era para hacer cosas, para ir y venir, para serrar si había que serrar y para hablar si había que hablar. Pero que cuando el día empezaba a dejar de ser día las cosas cambiaban bastante. Cuando el día empezaba a ser día era para contar. Para contar las idas y venidas, para contar qué se había hecho con la sierra y para contar con quién se había hablado y de qué. Para eso era, esencialmente, el final del día.”

“Marcos, María y Lucas estaban escribiendo, como si escribir fuese una cosa natural. María escribía en la cocina y en el cuarto de baño. Lucas escribía en la sala y escribía sobre pirámides, sobre tipos de chocolate y sobre murciélagos humildes. No ponía tildes, ni demasiadas haches. Marcos escribía en la habitación, y escribía sobre una cosa y pensaba en otra.”

“María puso todas las fotografías encima de las piernas: casi todas eran en blanco y negro, de cuando Lucas y María eran otra cosa. Roma estaba en una silla porque no cabían los cuatro en el sofá; Marcos le pasaba las fotografías de una en una, y era María quien daba las explicaciones, de una en una también. Las explicaciones tenían sesenta años la más joven.”

Contraportada: 

Lucas, el anciano viajero que sueña con alcanzar las cumbres más altas del Himalaya a pesar de la fragilidad de su mente. Marcos, un músico que busca su lugar en el mundo y encuentra el amor de Roma. Y María, la hermana de Lucas, escritora anónima en busca del instante feliz que da sentido a la vida.
Esta novela es también el lugar de encuentro entre la juventud y la vejez, un espacio lleno de humor, ternura, sabiduría y asombro, una manera de contar, directa y cristalina, el nacimiento del amor, el avance de la enfermedad, la práctica de la convivencia y el valor de la buena compañía. Y además, una exploración sutil y directa de las ilusiones y los deseos, no sólo de los personajes, sino también los del propio lector.

Traducción de Unai Elorriaga