Si el nombre islandés de la autora me ha resultado complicado de
recordar, también lo ha sido el del protagonista, Arnljótur, por suerte su
padre cariñosamente lo llama Lobbi. Sin embargo su historia es de las que son
difíciles de olvidar, por lo sencilla y diferente, por como se tratan temas más
profundos sobre la existencia humana ocultos tras la rosaleda más bella del
mundo.
Este joven de 22 años, que prácticamente ha crecido en un invernadero y
se siente cómodo entre las plantas, siendo el nexo de unión con su madre. Deja
su país, a su padre, a su hermano gemelo autista, y a su hija de meses, con el
objetivo de revivir una antigua rosaleda que su madre le enseñó en un libro
cuando era pequeño. Ese jardín se encuentra en un monasterio en un país cercano,
tiene el mayor número de especies de rosas, y él se convierte en el jardinero
de los monjes, intentando recuperar esta antiquísima rosaleda, para que no
desaparezcan especies, pues sería una pérdida para la flora. Mientras inicia un
viaje interior en busca de sí mismo.
El tema de la botánica, sin dejar de estar presente en todo el libro, no
es el más importante, sino esa búsqueda de identidad y del sentido de la vida.
Al personaje principal y a la vez narrador, Arnljótur o Lobbi, le preocupa la
muerte, tras haber vivido una experiencia traumática con el accidente de su
madre, sintiendo que su recuerdo está empezando a desaparecer, dándole miedo no
poder recordar todo dentro de poco. A la vez que recientemente ha sido padre de
una niña, Flora Sol, concebida en un invernadero. Así es como encontramos entre
las líneas de la novela las cuestiones más importantes de la existencia humana:
el nacimiento y la muerte.
Él pasa por un momento que no sabe lo que quiere, necesita probar cosas
nuevas y otras las quiere entender. Ha ido allí para encontrarse mejor con su
propia vida comenzando de nuevo, quiere encontrar su lugar. Continua en
contacto telefónico con su padre, con quien mantiene unas charlas sobre recetas
islandesas bastante detalladas. Pero con quien tiene conversaciones más
trascendentales es con el padre Tomás, quién por cierto posee una curiosa y
amplia filmoteca, teniendo para cada pregunta una respuesta en alguna escena de
una película. Pero la vida siempre te está dando sorpresas ¿conseguirá llegar a
alguna conclusión en su vida?
Es una novela en la que me ha parecido original y bonita la forma en que
su autora relaciona el renacer de las personas con el de las flores. Aunque ha
habido algún detalle donde he notado que le faltaba algo como en la relación
entre Lobbi y su hija, y también he echado de menos saber algo más del hermano
mellizo autista, por esa curiosidad que me nace al ser madre de mellizas. Pero
su final abierto deja paso a la reflexión de los muchos símbolos que hay entre
sus páginas.
Algunas frases del libro:
“Es normal que uno vea las cosas de un modo distinto con el nuevo día.”
“No se puede vivir siempre envuelto en algodones.”
“Naturalmente, todos morimos algún día, aunque la mayoría parece morir o
demasiado tarde o demasiado pronto, nadie en el momento adecuado.”
“Uno no puede saber lo que siente sobre cualquier cosa cuando ésta no ha
hecho más que producirse.”
“Es tan difícil saber exactamente qué sucede en el interior de otra
persona, saber que sentimientos puede albergar.”
Contracubierta o parte de la misma:
El joven Arnljótur decide abandonar su casa, a su hermano gemelo
autista, a su padre octogenario y los paisajes crepusculares de montañas de
lava cubiertas de líquenes. Su madre acaba de tener un accidente y, al borde de
la muerte, aún reúne fuerzas para llamarle y darle unos últimos consejos.
Un fuerte lazo les une: el invernadero donde ella
cultivaba una extraña variedad de rosa: la Rosa candida, de ocho pétalos y sin
espinas. Fue allí donde una noche, inesperadamente, Arnljótur amó a Anna, una
amiga de un amigo.
Traduccción de Enrique Bernárdez