Libros para leer junto al fuego en invierno y a la sombra de un árbol en verano

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martes, 5 de noviembre de 2013

ROSA CANDIDA de Auður Ava Ólafsdóttir

Si el nombre islandés de la autora me ha resultado complicado de recordar, también lo ha sido el del protagonista, Arnljótur, por suerte su padre cariñosamente lo llama Lobbi. Sin embargo su historia es de las que son difíciles de olvidar, por lo sencilla y diferente, por como se tratan temas más profundos sobre la existencia humana ocultos tras la rosaleda más bella del mundo.
Este joven de 22 años, que prácticamente ha crecido en un invernadero y se siente cómodo entre las plantas, siendo el nexo de unión con su madre. Deja su país, a su padre, a su hermano gemelo autista, y a su hija de meses, con el objetivo de revivir una antigua rosaleda que su madre le enseñó en un libro cuando era pequeño. Ese jardín se encuentra en un monasterio en un país cercano, tiene el mayor número de especies de rosas, y él se convierte en el jardinero de los monjes, intentando recuperar esta antiquísima rosaleda, para que no desaparezcan especies, pues sería una pérdida para la flora. Mientras inicia un viaje interior en busca de sí mismo.
El tema de la botánica, sin dejar de estar presente en todo el libro, no es el más importante, sino esa búsqueda de identidad y del sentido de la vida. Al personaje principal y a la vez narrador, Arnljótur o Lobbi, le preocupa la muerte, tras haber vivido una experiencia traumática con el accidente de su madre, sintiendo que su recuerdo está empezando a desaparecer, dándole miedo no poder recordar todo dentro de poco. A la vez que recientemente ha sido padre de una niña, Flora Sol, concebida en un invernadero. Así es como encontramos entre las líneas de la novela las cuestiones más importantes de la existencia humana: el nacimiento y la muerte.
Él pasa por un momento que no sabe lo que quiere, necesita probar cosas nuevas y otras las quiere entender. Ha ido allí para encontrarse mejor con su propia vida comenzando de nuevo, quiere encontrar su lugar. Continua en contacto telefónico con su padre, con quien mantiene unas charlas sobre recetas islandesas bastante detalladas. Pero con quien tiene conversaciones más trascendentales es con el padre Tomás, quién por cierto posee una curiosa y amplia filmoteca, teniendo para cada pregunta una respuesta en alguna escena de una película. Pero la vida siempre te está dando sorpresas ¿conseguirá llegar a alguna conclusión en su vida?
Es una novela en la que me ha parecido original y bonita la forma en que su autora relaciona el renacer de las personas con el de las flores. Aunque ha habido algún detalle donde he notado que le faltaba algo como en la relación entre Lobbi y su hija, y también he echado de menos saber algo más del hermano mellizo autista, por esa curiosidad que me nace al ser madre de mellizas. Pero su final abierto deja paso a la reflexión de los muchos símbolos que hay entre sus páginas.

Algunas frases del libro:
“Es normal que uno vea las cosas de un modo distinto con el nuevo día.”

“No se puede vivir siempre envuelto en algodones.”

“Naturalmente, todos morimos algún día, aunque la mayoría parece morir o demasiado tarde o demasiado pronto, nadie en el momento adecuado.”

“Uno no puede saber lo que siente sobre cualquier cosa cuando ésta no ha hecho más que producirse.”

“Es tan difícil saber exactamente qué sucede en el interior de otra persona, saber que sentimientos puede albergar.”

Contracubierta o parte de la misma:
El joven Arnljótur decide abandonar su casa, a su hermano gemelo autista, a su padre octogenario y los paisajes crepusculares de montañas de lava cubiertas de líquenes. Su madre acaba de tener un accidente y, al borde de la muerte, aún reúne fuerzas para llamarle y darle unos últimos consejos.
Un fuerte lazo les une: el invernadero donde ella cultivaba una extraña variedad de rosa: la Rosa candida, de ocho pétalos y sin espinas. Fue allí donde una noche, inesperadamente, Arnljótur amó a Anna, una amiga de un amigo.

Traduccción de Enrique Bernárdez