Libros para leer junto al fuego en invierno y a la sombra de un árbol en verano

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viernes, 13 de abril de 2012

EN EL PAÍS DE LA NUBE BLANCA de Sarah Lark


Si un libro de 746 páginas no se te hace pesado ni demasiado largo es porque el contenido te atrapa. Y así me ha sucedido en esta novela donde conoceremos la vida de Helen y Gwyneira, cuando desde Londres emprenden la aventura de emigrar a Nueva Zelanda, desde 1852 hasta 1877, tiempo que da para muchas historias y personajes.
Ellas son el hilo conductor, y las empezaremos a conocer por separado, de manera alternativa la autora nos llevará de una a otra, hasta que coinciden en el mismo barco rumbo a un país nuevo y sin saber que les deparará el futuro con un esposo al que todavía no conocen. Un viaje que separaría a muchas familias para siempre.
Helen ansía la felicidad de una familia, su propia familia, por eso quiere emigrar. Es culta, implicada y le gusta la enseñanza. Ha sido institutriz.
Gwyneira se comporta de forma natural y desenvuelta, tiene la lengua muy suelta para ser una lady. Odia que menosprecien sus aptitudes. Todo se le antoja como un sueño.
Pese a sus distintos orígenes sociales e intereses se hacen cada vez más amigas, charlan con franqueza y sin temor.
Desde el momento en que inician este viaje sus vidas fluyen paralelas, tienen un compromiso matrimonial, no conocen a su futuro marido. Eran unas muchachas cuando emprendieron la aventura de Nueva Zelanda y evolucionarán al ritmo de sus experiencias, serán supervivientes de su propia existencia.
Destacaría varios puntos, las continuas referencias al paisaje neocelandés, ensalzando la belleza de sus tierras vírgenes, muy bien descrito y, por tanto, fácilmente imaginable. En relación a esto la ambientación de toda la novela desde las granjas de ovejas donde casi puedes olerlas hasta los más mínimos detalles de las costumbres británicas, incluida la bandeja para tarjetas a la entrada de la casa. Pasando por los balleneros, los cazadores de focas, los buscadores de oro y los ganaderos, sin olvidar la cría de caballos o la de perros pastores. La autora no se deja un tema sin comentar, dejando la sensación de que se ha documentado bastante bien para acercar al lector la colonización de Nueva Zelanda.
Otra parte muy importante es la información sobre el pueblo maorí, habitantes de este país que se ven invadidos por la civilización del Imperio Británico. Conoceremos parte de su cultura, su idioma, su música, sus costumbres, sus tradiciones, su forma de vida y la convivencia con los colonos. Integración y tolerancia son dos términos que están presentes junto a la defensa de la tierra y las guerrillas.
Según avanza la novela parece tener más protagonismo Gwyneira, porque es una mujer fuerte, rebelde, decidida, independiente, resolutiva, sin embargo para mi es destacable y muy importante la actitud de Helen, sobre todo cuando se ocupa de unas huérfanas e intenta enseñarles algo, que es más de lo que hasta ahora ha hecho nadie, así como su dedicación a enseñar a los niños maoríes, creando su propia escuela.
Con respecto a los personajes masculinos resaltaría a Lucas, quien sufre mucho ante su propia identidad y evoluciona hasta conseguir ser feliz.
A pesar de la extensión de la novela y que 25 años dan para muchos acontecimientos, no se pierde el hilo conductor, porque algunos personajes que desaparecen vuelven a aparecer dándole todavía más fuerza al argumento. Además la narración resulta fluida, utiliza un lenguaje sencillo y como resultado da una ágil lectura.
Amores, desamores, odios, venganzas, secretos, miedos, sueños, decisiones, proyectos, amistad, enemistad, penas, alegrías, muchos ingredientes para una gran novela, para todos los gustos lectores por esa mezcla de aventuras, romanticismo e historia. Continúa la saga familiar con los descendientes abriendo camino a nuevas vidas y destinos.
Aunque tengo un pero, y es el cambio de ritmo hacia el final que es acelerado, cerrando la historia de algunos personajes de manera precipitada. Tal vez para no incrementar el número de páginas en exceso, aunque ya está publicada la segunda parte y habrá una tercera.

Algunas frases del libro:
“Las canciones y el llanto de esos seres humanos se extendieron lejos sobre el mar y, por primera vez, emigrantes ricos y pobres se unieron en una comunidad.”

“El nombre maorí de Nueva Zelanda: aotearoa, la tierra de la gran nube blanca.”

“Abarcó con grandes ademanes el cielo todavía azul y la tierra bañada por el sol --.  ¡Y bienvenida, miss! ¡Ya ve: rangi, el cielo, brilla de alegría por su llegada y regala a la tierra, papa, una sonrisa porque camina sobre ella!”

“Llorar no traer suerte, ¡reír traer suerte!”

“¡Además, es imposible negarle a un ser humano la educación!”

“La enseñanza todavía no ha hecho daño a nadie.”

“Los maoríes creían en la magia del estado del tiempo.”

“Hay que sosegarlo con amor. Sólo entonces podrá... podrá convertirse en un ser humano.”

Contracubierta o parte de la misma:
Londres, 1852: dos chicas emprenden la travesía en barco hacia Nueva Zelanda. Para ellas significa el comienzo de una nueva vida como futuras esposas de unos hombres a quienes no conocen. Gwyneira, de origen noble, está prometida al hijo de un magnate de la lana, mientras que Helen, institutriz de profesión, ha respondido a la solicitud de matrimonio de un granjero. Ambas deberán seguir su destino en una tierra comparada con el paraíso. Pero ¿hallarán el amor y la felicidad en el extremo opuesto del mundo?

Traducción de Susana Andrés

Imágenes de cubierta: Thinkstock

Gracias a Ediciones B por el envío de este libro