Si un libro de 746 páginas no se te hace pesado ni demasiado
largo es porque el contenido te atrapa. Y así me ha sucedido en esta novela
donde conoceremos la vida de Helen y Gwyneira, cuando desde Londres emprenden
la aventura de emigrar a Nueva Zelanda, desde 1852 hasta 1877, tiempo que da
para muchas historias y personajes.
Ellas son el hilo conductor, y las empezaremos a conocer por
separado, de manera alternativa la autora nos llevará de una a otra, hasta que coinciden
en el mismo barco rumbo a un país nuevo y sin saber que les deparará el futuro
con un esposo al que todavía no conocen. Un viaje que separaría a muchas
familias para siempre.
Helen ansía la felicidad de una familia, su propia familia,
por eso quiere emigrar. Es culta, implicada y le gusta la enseñanza. Ha sido
institutriz.
Gwyneira se comporta de forma natural y desenvuelta, tiene
la lengua muy suelta para ser una lady. Odia que menosprecien sus aptitudes.
Todo se le antoja como un sueño.
Pese a sus distintos orígenes sociales e intereses se hacen
cada vez más amigas, charlan con franqueza y sin temor.
Desde el momento en que inician este viaje sus vidas fluyen
paralelas, tienen un compromiso matrimonial, no conocen a su futuro marido.
Eran unas muchachas cuando emprendieron la aventura de Nueva Zelanda y
evolucionarán al ritmo de sus experiencias, serán supervivientes de su propia
existencia.
Destacaría varios puntos, las continuas referencias al
paisaje neocelandés, ensalzando la belleza de sus tierras vírgenes, muy bien
descrito y, por tanto, fácilmente imaginable. En relación a esto la
ambientación de toda la novela desde las granjas de ovejas donde casi puedes
olerlas hasta los más mínimos detalles de las costumbres británicas, incluida
la bandeja para tarjetas a la entrada de la casa. Pasando por los balleneros,
los cazadores de focas, los buscadores de oro y los ganaderos, sin olvidar la
cría de caballos o la de perros pastores. La autora no se deja un tema sin
comentar, dejando la sensación de que se ha documentado bastante bien para
acercar al lector la colonización de Nueva Zelanda.
Otra parte muy importante es la información sobre el pueblo
maorí, habitantes de este país que se ven invadidos por la civilización del
Imperio Británico. Conoceremos parte de su cultura, su idioma, su música, sus
costumbres, sus tradiciones, su forma de vida y la convivencia con los colonos.
Integración y tolerancia son dos términos que están presentes junto a la
defensa de la tierra y las guerrillas.
Según avanza la novela parece tener más protagonismo
Gwyneira, porque es una mujer fuerte, rebelde, decidida, independiente,
resolutiva, sin embargo para mi es destacable y muy importante la actitud de
Helen, sobre todo cuando se ocupa de unas huérfanas e intenta enseñarles algo,
que es más de lo que hasta ahora ha hecho nadie, así como su dedicación a
enseñar a los niños maoríes, creando su propia escuela.
Con respecto a los personajes masculinos resaltaría a Lucas,
quien sufre mucho ante su propia identidad y evoluciona hasta conseguir ser
feliz.
A pesar de la extensión de la novela y que 25 años dan para
muchos acontecimientos, no se pierde el hilo conductor, porque algunos
personajes que desaparecen vuelven a aparecer dándole todavía más fuerza al
argumento. Además la narración resulta fluida, utiliza un lenguaje sencillo y
como resultado da una ágil lectura.
Amores, desamores, odios, venganzas, secretos, miedos,
sueños, decisiones, proyectos, amistad, enemistad, penas, alegrías, muchos
ingredientes para una gran novela, para todos los gustos lectores por esa
mezcla de aventuras, romanticismo e historia. Continúa la saga familiar con los
descendientes abriendo camino a nuevas vidas y destinos.
Aunque tengo un pero, y es el cambio de ritmo hacia el final que es acelerado, cerrando la historia de algunos personajes de manera precipitada. Tal vez para no incrementar el número de páginas en exceso, aunque ya está publicada la segunda parte y habrá una tercera.
Aunque tengo un pero, y es el cambio de ritmo hacia el final que es acelerado, cerrando la historia de algunos personajes de manera precipitada. Tal vez para no incrementar el número de páginas en exceso, aunque ya está publicada la segunda parte y habrá una tercera.
Algunas frases del libro:
“Las canciones y el llanto de esos seres humanos se
extendieron lejos sobre el mar y, por primera vez, emigrantes ricos y pobres se
unieron en una comunidad.”
“El nombre maorí de Nueva Zelanda: aotearoa, la tierra de la
gran nube blanca.”
“Abarcó con grandes ademanes el cielo todavía azul y la
tierra bañada por el sol --. ¡Y
bienvenida, miss! ¡Ya ve: rangi, el cielo, brilla de alegría por su
llegada y regala a la tierra, papa, una sonrisa porque camina sobre
ella!”
“Llorar no traer suerte, ¡reír traer suerte!”
“¡Además, es imposible negarle a un ser humano la
educación!”
“La enseñanza todavía no ha hecho daño a nadie.”
“Los maoríes creían en la magia del estado del tiempo.”
“Hay que
sosegarlo con amor. Sólo entonces podrá... podrá convertirse en un ser humano.”
Contracubierta o parte de la misma:
Londres,
1852: dos chicas emprenden la travesía en barco hacia Nueva Zelanda. Para ellas
significa el comienzo de una nueva vida como futuras esposas de unos hombres a
quienes no conocen. Gwyneira, de origen noble, está prometida al hijo de un
magnate de la lana, mientras que Helen, institutriz de profesión, ha respondido
a la solicitud de matrimonio de un granjero. Ambas deberán seguir su destino en
una tierra comparada con el paraíso. Pero ¿hallarán el amor y la felicidad en
el extremo opuesto del mundo?Traducción de Susana Andrés
Imágenes de cubierta: Thinkstock
Gracias a Ediciones B por el envío de este libro
