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miércoles, 4 de diciembre de 2019

VOCES DE CHERNÓBIL de Svetlana Alexievich


Premio Nobel de Literatura 2015

Svetlana Alexievich es periodista, ensayista y escritora. Tiene su propio género literario “novelas de voces”, en donde el narrador es el hombre corriente. Y el libro “Voces de Chernóbil” es un claro ejemplo de su estilo.
Estuvo varios años recopilando información y documentándose para escribir este libro, que reúne testimonios reales de personas que vivieron y sufrieron en primera línea el accidente de la central de Chernóbil.
Empieza con una nota histórica que pone fecha, lugar y cifras a lo que pasó, y para mi ha sido escalofriante saberlo. Porque todo cambió en el mundo aquel 26 de abril de 1986 cuando en la Central Nuclear establecida en la ciudad ucraniana de Prípiat explotó y ardió un reactor. A partir de ese instante la desinformación, los silencios, las contradicciones en las decisiones que tomaron las autoridades, convirtieron la catástrofe en una hecatombe aún mayor, con consecuencias inimaginables.
Una tras otra, las declaraciones en primera persona que relatan lo que vivieron, sintieron y padecieron los supervivientes, ponen la piel de gallina y estremecen el alma al conocer los detalles. Pues de un día para otro perdieron todo, principalmente su vida, aunque siguiera latiendo su corazón.
En medio del caos que se generó se evacuaron algunas aldeas, no inmediatamente, sino unos días después, y la gente pensó que en unas semanas o meses volverían a sus casas, ignorantes de la magnitud del accidente. Mientras, por otro lado, personas de otros lugares fueron enviadas para ayudar y colaborar en los trabajos de descontaminación, sin medios adecuados para protegerse de la altísima radiación. Pero, en muchos casos, el sentimiento del deber, el amor a la patria, el sentirse soviético o el pertenecer al partido, hizo que fueran y actuaran sin ser conscientes de que en realidad eran condenados a la muerte.
Con el paso del tiempo se ha visto que, por una parte, a los gobernantes les superó el accidente nuclear, no supieron reaccionar ante la magnitud de lo acontecido. Mientras que por otra, la población se vio marcada por ser de Chernóbil, dejaron de ser de su aldea, de su pueblo, pasando a ser exclusivamente los de Chernóbil. Ellos y sus descendientes.
Este libro es un documento muy importante, creo que era necesario escribirlo, y recomiendo leerlo. Porque hubo demasiado silencio y secretismo durante mucho tiempo, intentando ocultar el terrible cataclismo nuclear. Y en esta páginas se pone nombre y apellidos a las víctimas. Y ellas mismas son quienes nos transmiten las imágenes que tienen grabadas en su memoria a través de su sincero y sobrecogedor relato. Con una narración que hiela la sangre. Aunque lógicamente las voces son de los vivos en ese momento, porque los muertos ya no pueden hablar.

Algunas frases del libro:
“Al visitar las aldeas, uno se sorprende de ver cómo ha crecido el espacio ocupado por los cementerios.”

“No debe usted olvidar que lo que tiene delante ya no es su marido, un ser querido, sino un elemento radioactivo con un gran poder de contaminación. No sea usted suicida. Recobre la sensatez.”

“Y le preguntamos: ¿No tiene usted miedo? Y él va y nos dice: ¿Miedo de qué? Porque uno no puede vivir todo el tiempo con el miedo en el cuerpo; el hombre no puede; pasa cierto tiempo y empieza una vida normal y corriente. Normal... Y corriente.”

“Pero lo que les preocupaba no era la gente, sino su poder. En un país donde lo importante no son los hombres sino el poder, la prioridad del Estado está fuera de toda duda. Y el valor de la vida humana se reduce a cero.”

Contracubierta o parte de la misma:
Chernóbil, 1986. “Cierra las ventanillas y acuéstate. Hay un incendio en la central. Vendré pronto.” Esto fue lo último que un joven bombero dijo a su esposa antes de acudir al lugar de la explosión. No regresó. Y en cierto modo, ya no volvió a verle, pues en el hospital su marido dejó de ser su marido. Todavía hoy ella se pregunta si su historia trata sobre el amor o la muerte. Voces de Chernóbil está planteado como si fuera una tragedia griega, con coros y unos héroes marcados por un destino fatal, cuyas voces fueron silenciadas durante muchos años por una polis representada aquí por la antigua URSS. Pero, a diferencia de una tragedia griega, no hubo posibilidad de catarsis.

Traducción de Ricardo San Vicente

Título original: Tchendylskaia Molitva

Fotografía de la cubierta: Posztos / Stutterstock