Libros para leer junto al fuego en invierno y a la sombra de un árbol en verano

jueves, 26 de julio de 2018

EN TIEMPO DE PRODIGIOS de Marta Rivera de la Cruz


Finalista Premio Planeta 2006

Dos historias, dos protagonistas, dos temas principales, dan como resultado una novela donde las relaciones personales son muy importantes.
Por una parte está el personaje de Cecilia, quien con 35 años está pasando el duelo por la muerte de su madre y, además, su situación personal está en un momento delicado. Pero la llamada de su amiga Elena y el favor que le pide, harán que su vida se vaya a transformar.
Por otra parte está el personaje de Silvio, quien con 88 años se defiende bastante bien, pero su familia no opina lo mismo, por lo que en su rutina diaria aparecerá Cecilia.
Entre ambos se produce una conexión especial, que hará salir a flote vivencias que nadie conoce del pasado de Silvio, ni su propia familia, circunstancias que le llevaron a actuar de determinada manera, que incluso en algún momento le indujeron al error, hasta que en una especie de expiación decidió sacrificar una parte de su vida porque creyó que así haría justicia. Su vida ha estado llena de secretos que ahora en la vejez ha decidido contar a Cecilia, pues en ella ha encontrado a una persona capaz de escucharle y llorar. Y este relato dentro de la novela viaja a los terribles años del holocausto, a un tiempo en el que el mundo fue ciego, sordo y mudo ante la barbarie del Nazismo. Así como también posteriormente algunos mandos nazis huyeron a otros países en busca de refugio. Pero a la vez hubo personas que intentaron detenerlos, que pusieron sus vidas al servicio de una causa, y aquí hay un personaje especial que es Zachary y su filosofía de vida: el que siempre hay que estar predispuesto a la felicidad.
Las dos historias se van alternando, el presente y el pasado, aunque para mi esta última es la que crea más interés tanto por la forma espaciada de ir conociendo que sucedió, como por los temas que trata. Por ejemplo entre líneas me he encontrado con el barco Saint Louis que en 1939 estuvo semanas a la deriva porque ningún país aceptaba hacerse cargo de los refugiados. Triste, muy triste, y en 2018 continua sucediendo lo mismo. Terrible realidad.
Asuntos sobre la Guerra Civil y la posguerra española, el auge del nazismo, la persecución a los judíos, el racismo y, sobre todo, como vivir y sobrevivir con todo eso, es parte esencial de este libro.
Aunque también tienen algo de especial los recuerdos de Cecilia hacia su madre, esa persona excepcional, que irradiaba luz y que fue su refugio. Y ahora que ya no está ha encontrado la mutua compañía con Silvio, a quien la vejez le había traído la soledad.

Algunas frases del libro:

Ésa era su forma de enfrentarse al mundo: con una confianza suprema en el futuro, con un optimismo que acababa por volverse contagioso y que fue, creo, la razón fundamental por la que se ganó el amor de tanta gente.”

Es que cuando uno se hace viejo, todo el mundo deja de contarle cosas.”

Para escuchar una historia, para escucharla de verdad, son necesarios los cinco sentidos.”

Hace falta que pase el tiempo, y también que pasen las lágrimas, para tener ocasión de comprender determinadas cosas.”

La verdad, por mala que sea, siempre es mejor que hacerse preguntas que no puede contestar nadie.”

Contraportada o parte de la misma:
Cecilia es la única persona que visita a Silvio, el abuelo de su amiga del alma, un hombre que guarda celosamente el misterio de una vida de leyenda que nunca ha querido compartir con nadie.
A través de una caja de fotografías, Silvio va dando a conocer a Cecilia su fascinante historia junto a Zachary West, un extravagante norteamericano cuya llegada a Ribanova cambió el destino de quienes le trataron.
Con West descubrirá todo el horror desencadenado por el ascenso del nazismo en Alemania y aprenderá el valor de sacrificar la propia vida por unos ideales.
Cecilia, sumida en una profunda crisis personal tras perder a su madre y romper con su pareja, encontrará en Silvio un amigo y un aliado para reconstruir su vida.

Fotografía de la cubierta: Deborah Lynne



miércoles, 18 de julio de 2018

NADA SE OPONE A LA NOCHE de Delphine de Vigan


La autora de este libro encontró a su madre muerta, era el año 2008. Así de fuerte y contundente empieza este relato autobiográfico, que por el contenido y temas tratados consigue remover sentimientos y emociones.
Primero no quiso escribir sobre ella, así como tantos autores han hecho sobre sus propias madres. Pero llegó un momento en que lo necesitó, porque había heridas abiertas que tenían que ver con las circunstancias de la muerte de su madre, Lucile. Y escribir podría ayudarla a cerrarlas, como también podría contribuir a pasar el duelo. De esta manera empezó a reconstruir la vida de su familia. Y no fue fácil, hay momentos en que se bloqueó, que no sabía como avanzar, tenía mucha información que le contaban sus tíos, su hermana, pero no sabía como transcribirlo. En el fondo lo que quería era acercarse al dolor de su madre. Pues precisamente ese dolor forjó a Delphine y a su hermana Manon. Por tanto buscó el origen de sus sufrimientos y la influencia que desempeñó la historia de su familia en la forma de ser de ellas. Desde el peso que ejercieron sus abuelos, Georges y Liane, sobre el carácter de cada hijo y de cada nieto. Por ese motivo quería regresar al origen de las cosas no solo por ella, sino también por sus hijos. Porque deseaba dejar de tener miedo, pues parecía como si hubiese una maldición en la familia. De este modo escribir sobre su madre, sobre su familia, le permite reconstruir su propia vida. Donde también está incluida una breve referencia a su trastorno de la conducta alimentaria (TCA), en concreto a la anorexia que tuvo a los 19 años, y sobre la que ya había escrito anteriormente (2001) en otro de sus libros, “Días sin hambre” (reseña aquí).
En esta especie de memorias familiares se remonta a 1954 cuando la muerte empezó a formar parte de Lucile (quien entonces tenía 8 años) porque murió uno de sus hermanos de forma accidental. A partir de ahí llegó el desastre y cada uno a su manera intentó volver a construir su mundo. Como consecuencia hubo una mezcla de familia feliz y devastada. Drama, alcohol, locura, suicidio son palabras que están al mismo nivel que fiesta, spagat, esquí naútico, en el día a día de los Poirier.
Como curiosidad cuenta entre líneas que de pequeña Lucile se llevaba libros a escondidas de una librería, y entonces de mayor entendió que aquella librera que nunca le dijo nada fue quien la inició en la lectura.
En esta crónica familiar los recuerdos a veces confunden la realidad, cada uno recuerda o interpreta de una manera el pasado. Pero todos tienen en sus recuerdos: silencios, lágrimas, suspiros, risas y confidencias.
Delphine de Vigan ha conseguido algo muy difícil que es hablar sobre sí misma, y lo ha hecho con mucha sinceridad, sin tapujos, sin censuras a los ocultos secretos familiares. Tratando sobre temas delicados y dolorosos, como los trastornos mentales, el incesto, el suicidio, y que seguramente al ir descubriéndolos en su “investigación” sobre su madre y demás familia, le deben haber servido para entender el pasado y el presente de cada uno de ellos.

Algunas frases del libro:

Mi madre ha muerto, pero estoy trabajando con un material vivo.”

Como sucede en muchas familias, las épocas se resumen en el lugar que las contiene.”

Escribir sobre la familia es sin duda alguna el medio más seguro de enfadarse con ella.”

Contraportada o parte de la misma:
Después de encontrar a Lucile, su madre, muerta en misteriosas circunstancias, Delphine de Vigan se convierte en una sagaz detective dispuesta a reconstruir la vida de la desaparecida. Los cientos de fotografías tomadas durante años, la crónica de Georges, abuelo de Delphine, registrada en cintas de casete, las vacaciones de la familia filmadas en súper ocho, o las conversaciones mantenidas por la escritora con sus hermanos, son los materiales de los que se nutre la memoria de los Poirier.

Traducción de Juan Carlos Durán

Ilustración de la portada: foto Frédéric Pierret


viernes, 6 de julio de 2018

CUANDO ÉRAMOS HERMANAS de Sheila Kohler


Los dos temas que trata la autora en este libro son terribles: violencia de género y apartheid.
Sin embargo su forma de abordarlos es simple, y esa sencillez hace que no se convierta en una lectura dolorosa. Sino más bien abre los ojos a una época, mediados del siglo XX. En un país, Sudáfrica. Donde familias blancas y adineradas, como la suya, educaban a sus hijas “para casarse con alguien rico y vivir en una casa grande con muchos criados.”
Ambas crecieron en ese ambiente, aunque las dos estudiaron y viajaron por Europa, y mientras Sheila a los 17 años se marchó de Sudáfrica, Maxine se quedó y se casó con un cirujano. Sus vidas quedaron marcadas por la muerte de su padre, tenían 8 y 10 años, por la actitud y ausencias de su madre, y por unos maridos que eligieron equivocadamente. Cada una lleva su procesión por dentro pero no se lo cuentan todo para no herir a la otra.
Este libro es una historia real sobre la vida y muerte de la hermana de la autora. Para Sheila el fallecimiento de su hermana Maxine es el comienzo de su vida escribiendo. Porque escribir sobre ésto es una especie de terapia. Desde ese momento busca respuestas a un montón de porqués. La invaden los sentimientos de amor y de culpa, por no haber hecho más, por no haber sabido escucharla, por no haberla protegido.
Por otra parte su madre sabe lo que ocurre, pero tampoco reacciona. Y cuando ya no hay nada que hacer su decisión es evitar el escándalo, la excusa son sus nietos, pero la realidad es que “la verdad queda apagada, escondida, silenciada”.
En apenas 200 páginas están los recuerdos de las vidas de las dos hermanas, sin orden ni cronología, entremezclados en la memoria de la autora, hasta ella misma duda de qué es recuerdo y qué es ficción, pues lleva 30 años escribiendo sobre sus fantasmas.
Es un relato que no deja indiferente. Contado desde la intimidad (se lo dedica a los 6 hijos de Maxine). Con preguntas que aún buscan respuesta.

Algunas frases del libro:

Nos encanta contemplar la vida por nuestra cuenta, ver el mundo como hacíamos, de niñas, con nuestro jardín, a través del prisma de nuestra imaginación o la de los artistas que admiramos. Estamos ansiosas por conseguir por lo menos una ilusión efímera de libertad. Nos encanta estar juntas. El recuerdo de esos momentos perdidos viene a mí ahora con todo el dolor de sus intensos detalles.”

Le cuento que en realidad no me siento en casa en ninguna parte, nunca, y sin duda no en París, excepto quizá con ella, mi hermana. Maxine asiente, dice que nadie habla el idioma que hablamos nosotras; nadie encuentra divertidas las mismas bromas; nadie se ríe como hacemos nosotras juntas. Nadie entiende.
El idioma de la infancia.”

Contraportada o parte de la misma:
Es la historia real de Maxine y Sheila Kohler. Criadas en la sociedad elegante y a la vez sofocante de la Sudáfrica de los años 50, crecen con la esperanza de una vida esplendorosa que las aleje de su dominante madre y de la larga sombra de su difunto padre. Maxine va a cumplir cuarenta años cuando su marido, un cirujano brillante y respetado, se sale de la carretera en su coche y la mata.

Traducción Mariano Antolín Rato

Imagen de la cubierta: cortesía de la autora.