Me ha parecido extraordinario
como en tan solamente 57 páginas Stefan Zweig expresa de manera tan sutil un
alegato a favor de la cultura y en contra de la exclusión social.
Debemos situarnos a principios
del siglo XX, en los años previos, durante y posteriores a la Primera Guerra
Mundial, en el Café Gluck de Viena donde durante 36 años una mesa, siempre con
libros, fue el hogar de Jakob Mendel, un inmigrante judío ruso. Conoceremos su
historia por el narrador, de quién no sabremos mucho más, y de los recuerdos de
la Señora Sporschil, un personaje especial.
Mendel es un hombre muy
particular, librero de viejo, con un impresionante saber sobre los libros,
conocedor de todos los detalles de cualquier publicación, una auténtica
enciclopedia, como un gran catálogo universal, entendido de cada materia,
incapaz de olvidar un título, con una memoria incomparable. Vive por, para y
con los libros, casi de forma obsesiva, ensimismado en sus quehaceres diarios,
en su rutina metódica, y muy concentrado entre sus páginas. Tanto que ignora
que sucede a su alrededor, ya no sólo en el Café, también en el mundo, porque
fuera de sus libros para él no hay nada más. Por ese motivo, por ese despiste,
por vivir sin preocupaciones sobre otros aspectos de la vida y de la sociedad
que le rodea, se ve envuelto en un suceso de lo más absurdo e inverosímil, pero
que le perjudica muchísimo. Fue en ese momento en que Europa había perdido la
razón, cuando Mendel ya nunca más fue el mismo.
Esta corta novela escrita en 1929
recoge una crítica social y política de la época en que suceden los hechos,
escrita como una parábola, tiene algo de estudio psicológico del género humano,
recurso común en otras obras de Zweig.
Como siempre que he leído a este
autor destaco su narración, el perfil de sus personajes, y la capacidad de
profundizar en un tema con tan pocas páginas. No necesita extenderse para
hablarnos de la cuestión que quiere transmitir. Desarrolla una historia yendo a
lo concreto, sin descripciones innecesarias.
Es un placer leer a Stefan Zweig
y, en esta ocasión, aún ha sido más satisfactorio haber conocido a un personaje
legendario y admirable, que gracias a su memoria ejercitada por la
concentración, representa el símbolo del conocimiento. Él es: Mendel el de los libros.
Algunas frases del libro:
“El vasto misterio de la concentración absoluta, que hace tanto al
artista como al erudito, al verdadero sabio como al loco de remate, esa trágica
felicidad y desgracia de la obsesión completa.”
“Él lo sabe todo y lo consigue
todo. Él trae el libro más singular del más olvidado de los anticuarios
alemanes. Es el hombre más capaz en toda Viena y además auténtico, un ejemplar
de una raza en extinción, un saurio antediluviano de los libros.”
“Mendel ya no era Mendel, como el
mundo no era ya el mundo.”
“El recuerdo siempre une.”
Contracubierta o parte de la misma:
Escrito
en 1929, “Mendel el de los libros” narra la trágica historia de un excéntrico
librero de viejo que pasa sus días sentado siempre a la misma mesa en uno de
los muchos cafés de la ciudad de Viena. Con su memoria enciclopédica, el
inmigrante judío ruso no sólo es tolerado, sino querido y admirado por el duelo
del café Gluck y por la culta clientela que requiere sus servicios. Sin
embargo, en 1915 Jakob Mendel es enviado a un campo de concentración, acusado
injustamente de colaborar con los enemigos del Imperio austrohúngaro. Un breve
y brillante relato sobre la exclusión en la Europa de la primera mitad del
siglo XX.En la cubierta, fragmento de La bibliothèque (1921), de Félix Vallotton
Otros libros de este autor reseñados en este blog: "Veinticuatro horas en la vida de una mujer" (enlace aquí); "Novela de ajedrez" (enlace aquí); "Carta a una desconocida" y "Leporella" (enlace aquí)



