Libros para leer junto al fuego en invierno y a la sombra de un árbol en verano

viernes, 21 de septiembre de 2018

LA LIBRERÍA AMBULANTE de Christopher Morley


A veces te encuentras o te encuentran pequeñas historias que te dejan un mayor placer por la lectura, y este libro publicado por primera vez en 1917 es una de ellas.
Por cierto, Christopher Morley, dos años después, escribió la continuación “La librería encantada”.
Al comienzo de “La librería ambulante” el autor da a entender que este relato fue escrito por la propia protagonista, Helen.
Así que es ella quien narra en primera persona lo que sucedió y como lo resolvió, viviendo su propia aventura.
Y es que la apacible vida y felicidad de dos hermanos cuarentones y solteros, Andrew y Helen, en una granja en Nueva Inglaterra (EEUU) durante la segunda década del siglo XX, cambió de la noche al día al publicarle a Andrew un libro sobre técnicas agrícolas. Y será en este punto donde veremos las estratagemas de los editores para convencer a un autor.
Pero Helen, con su aburrida y rutinaria vida de sus labores en casa y en la granja, desde hace 15 años, no se queda de brazos cruzados y tomará una decisión que le producirá un grandísimo cambio que hará que lo cotidiano desaparezca. El causante será la llegada de Roger Mifflin y su Párnaso, un carromato que es una librería ambulante. Este personaje es un gran amante de los libros, de la lectura y de su fomento. Y desde hace tiempo lleva la lectura a la gente del campo. Abriéndoles mundos nuevos con historias como “La isla del tesoro” de Stevenson. En un intento de que los buenos libros circulen yendo de granja en granja.
Es un bonito relato escrito con un lenguaje sencillo y un tono agradable que habla de: aventuras, reivindicación del papel de la mujer, humor, amor, ternura y pasión por la lectura, con la defensa de una profesión: vendedor de libros.

Algunas frases del libro:

Cuando le vendes un libro a alguien no solamente le estás vendiendo doce onzas de papel, tinta y pegamento. Le estás vendiendo una vida totalmente nueva. Amor, amistad y humor y barcos que navegan en la noche. En un libro cabe todo, el cielo y la tierra, en un libro de verdad, quiero decir.”

Creo que leer un buen libro te hace modesto. Cuando uno logra ver con lucidez el interior de la naturaleza humana, cosa que te proporcionan los grandes libros, uno siente la necesidad de hacerse pequeño. Es como mirar la Osa Mayor en una noche clara o como ver el amanecer en invierno cuando uno va a recoger los huevos de la mañana. Y cualquier cosa que te haga sentir pequeño es maravillosamente buena.”

Contraportada o parte de la misma:
Prepárese para entrar en un mundo único y lleno de encanto, donde el tiempo se ha detenido: estamos en la segunda década del siglo XX, en unos Estados Unidos todavía rurales y de paisajes idílicos, donde conviven los viejos carromatos y los novísimos automóviles; Roger Mifflin, un librero ambulante que desea regresar a Brooklyn para redactar sus memorias, vende su singular librería sobre ruedas (junto a su yegua y su perro) a la ya madura señorita Helen McGill, quien decide, harta de la monotonía de su vida, lanzarse a la aventura y recorrer mundo. A partir de ese momento se sucederán los encuentros y los desencuentros, y las más divertidas peripecias se darán la mano con las grandes enseñanzas que proporcionan libros y librero.

Traducción de Juan Sebastián Cárdenas

Imagen de cubierta: Getty Images/Hulton archive


martes, 18 de septiembre de 2018

EL MUSEO DE LA RENDICIÓN INCONDICIONAL de Dubravka Ugrešić

Podría ser una autobiografía o no, como ella mismo dice, pero la realidad es que la autora tuvo que irse de la antigua Yugoslavia en 1993 por motivos políticos, instalándose en los Países Bajos. Y en las páginas de este libro ha escrito una narración en primera persona con pensamientos y reflexiones sobre momentos vividos, ha reconstruido una vida a retazos. Aparentemente sin orden cronológico, pero en conjunto tiene mucho sentido. Y lo ha hecho así seguramente por algo que ella misma incluye en este libro:
en la página 25 hace referencia a una cita de Viktor Shklovsky “No tengo ganas de ser ingenioso. No quiero construir una historia. Escribiré sobre cosas y pensamientos. Como una recopilación de citas”.
Y en la página 165 dice “que la historia de una vida sacudida solo se puede contar en partes o fragmentos”.
Y la vida de la autora y la de la mujer protagonista de este libro y de mucha otra gente se vio sacudida cuando en los Balcanes la situación se fue haciendo cada vez más crítica. Se quedó sin hogar cuando tuvo que exiliarse y marchó a un Berlín que recientemente había derribado el muro, mientras en su patria crecía otro.
Refugiada en Berlín siente nostalgia, pero sobre todo soledad, en una ciudad que tiene un Este y un Oeste (las referencias a esa ciudad son muy interesantes). Mientras que por toda Europa había bosnios, croatas, serbios, con historias diferentes, pero todas eran lo mismo.
Empieza relatando de manera sencilla, en breves capítulos, dónde y cómo está en ese momento, habla de la gente que le rodea, de sus vecinos, de los compatriotas que se encuentra. De la importancia de las fotografías porque muestran los hechos de la vida. En concreto en varias ocasiones se refiere a la fotografía de la portada, no sabe quienes son, pero está tomada cerca de donde nació. Y esa foto la tranquiliza como el agua.
Recuerda el cuaderno de su madre y sus vivencias de la Segunda Guerra Mundial, los años de la posguerra. Dedica un capítulo entero a su abuela. Añora a sus amigas de Zagreb. Por cierto es estremecedora la carta de su amiga Hana desde Sarajevo, donde relata como vive (sobrevive) casi como una refugiada en su propia ciudad.
Hay referencias al arte y artistas, como Gerz y su monumento invisible. O en un determinado momento habla de una visita al museo de la ciudad de Berlín, donde hay expuestos objetos cotidianos de diferentes épocas. Y comenta que ellos nunca lo podrán tener porque su país ha desaparecido, y eso hace que desaparezca la memoria colectiva, y los recuerdos de lo que se ha vivido. Sin embargo se da cuenta de que cada persona tiene sus propios recuerdos, con lo cual “todos somos piezas andantes de museo” (me ha parecido una frase preciosa). Que recuerda la importancia de preservar la memoria.
Es un libro que relata de una manera muy personal una situación difícil, el exilio porque tu país está en guerra, y como se vive desde otro lugar o lugares, porque vas a la deriva con tan solo una maleta, una foto y un pasaporte con sellos de diferentes países.

Algunas frases del libro:

Sobre el general Rakko Mladić, criminal de guerra, que durante meses aniquiló Sarajevo desde los montes cercanos, se cuenta que una vez tuvo su punto de mira la casa de un conocido suyo. La historia sigue con que entonces el general telefoneó a su conocido informándole de que le concedía cinco minutos para recoger sus álbumes, porque precisamente, dijo, tenía la intención de volarle la casa por los aires. Diciendo álbumes el general pensó en los álbumes de las fotografías familiares. El criminal, que durante meses estuvo destruyendo la ciudad, las bibliotecas, los monumentos, las iglesias, las calles y los puentes, sabía que estaba destruyendo la memoria. Por eso le regaló magnánimamente a su conocido una vida con derecho a la memoria. Una vida desnuda y algunas fotografías familiares.”

Los refugiados se dividen en dos clases: aquellos con fotografías y aquellos sin fotografías, dijo un refugiado bosnio.”

Lo único que hoy poseo es una maleta. No empleo la maleta como un sustituto metafórico de la palabra exilio. La maleta es, de hecho, mi única realidad. Ni siquiera los sellos, que se multiplican en las páginas de mi pasaporte, me convencen suficientemente de la realidad de mis viajes. Sí, la maleta es mi único punto firme. Todo lo demás lo sueño o todo lo demás me sueña a mí. Lo cual ya da igual. En la maleta hay algunas cositas totalmente absurdas. Entre ellas, una fotografía antigua y amarillenta y otra vacía y sobre expuesta”

Contraportada o parte de la misma:
En un Berlín que acoge refugiados de todas partes, y en el que los exiliados yugoslavos han sustituido la estrella de cinco puntos por la de la empresa Mercedes, una emigrante croata lucha por preservar su identidad y la memoria de un país que ya no existe.
Como fotos de un viejo álbum, la protagonista va ordenando las imágenes de su infancia en Zagreb, de su familia, de las amigas que dejó atrás, de su debilidad ante los encantos de un joven gigoló portugués. Poco a poco, se dibuja un mosaico en el que tienen cabida la historia y la añoranza del hogar, la fantasía y el arte.

Traducción de Mª Ángeles Alonso y Dragana Bajić

Cubierta: autor desconocido



lunes, 10 de septiembre de 2018

LAS OCHO MONTAÑAS de Paolo Cognetti

Es un relato sobre la búsqueda de identidad, algo intimista y que rebosa de melancolía.
La narración es en primera persona, por Pietro ya adulto, y empieza contando el amor especial de sus padres hacia las montañas, en concreto los Dolomitas, y que aunque por circunstancias emigraron a Milán, siempre los tuvieron en sus corazones. Describe la transformación de carácter de sus padres de la ciudad a la montaña, como pasaba de agrio a alegría. Y su continua nostalgia del Véneto campesino.
Ya con 6 o 7 años Pietro empezó a compartir la pasión por la montaña con ellos. Entonces su madre encontró una casita en Grana, una pequeña población en los Alpes italianos, que en 1984 tenía 14 habitantes, y allí hizo amistad con Bruno, un niño de su misma edad que verano tras verano le descubrió la naturaleza, la vida rural, la supervivencia y su relación especial con la montaña.
Es bonito cuando Pietro cuenta que el olor de las chimeneas, de la tierra húmeda, del heno, de establo, de la leche cuajada, para él es el olor de la montaña.
Con su madre tiene una buena relación, es una mujer que por su trabajo se implica mucho con los demás, y creo que su forma de actuar y de querer ayudar a otros es algo que transmite muy bien a su hijo.
Mientras, su padre utiliza la montaña como conexión y comunicación con su hijo. Tiene su propia filosofía sobre la huida de lo que te atormenta abajo y por eso se sube la montaña. Y un sueño sería no bajar nunca, quedarse en ese paraíso. También le enseñó el culto del esfuerzo, conquistar cumbres, pues tiene su forma personal de llegar a las cimas. Pero cuando Pietro va creciendo y se junta con gente joven aprende la escalada libre, que realizan por el hecho de experimentar y el placer de estar juntos. Su mundo se abre y busca nuevas sensaciones.
Es una historia que reconforta. Habla de la necesidad de encontrarse a sí mismo, lo que provoca un alejamiento de tu mundo y por tanto de las personas que tienes cercanas. Del tiempo perdido y que después es difícil recuperar. De la dureza de vivir en las montañas. De la soledad. Del amor. De la amistad que se pierde cuando los caminos se separan. De las etapas en la relación padres-hijos desde la infancia, la adolescencia, la juventud y el paso a la edad adulta, y como esa relación es como un vaivén que te acerca, te aleja, y te sorprende con el regreso a tus orígenes y la reconciliación.
Sobre la parte más técnica del senderismo y de la escalada, que algo hay descrito en el libro, me ha descubierto los “comprobantes de cumbre”, que son testimonios o mensajes escritos en un libro registro que se encuentra en la cima, resguardado en lo que llaman “buzones montañeros”. Me ha parecido una cuestión muy curiosa, que además en este relato tiene una parte muy emotiva.
Y es que la transmisión de sentimientos forma parte del lenguaje utilizado por el autor, de quien también parece que ha dejado algo de su alma entre las páginas de “Las ocho montañas”.

Algunas frases del libro:

Cuando se lo pregunté a mi padre, me respondió a su manera enigmática: siempre parecía que no podía darme la solución sino apenas un indicio, y que yo tenía que llegar a la verdad necesariamente solo.”

La belleza de aquel lugar. Una belleza oscura, áspera, que no infundía paz sino más bien fuerza y un poco de angustia. La belleza de los opuestos.”

Me parecía que me había perdido las cosas más importantes mientras estaba atareado en otras que ni siquiera recordaba.”

Uno encuentra su lugar en el mundo de la forma más imprevisible de lo que puede imaginarse.”

Contraportada o parte de la misma:
Pietro es un chico de ciudad, solitario y un poco hosco, que veranea en los Alpes italianos. Bruno es hijo de un albañil de la zona, alguien que solo conoce los montes y que pastorea las vacas de su tío. Tienen apenas once años y un mundo entero les separa. Pero, verano tras verano, forjan una profunda amistad mientras Bruno inicia a Pietro en los secretos de la montaña. Juntos exploran y descubren casas abandonadas, glaciares y escarpados senderos hasta que, con los años, sus caminos toman rumbos distintos.
Esa misma naturaleza salvaje es la pasión que mueve al padre de Pietro, un hombre envuelto en la melancolía de una Milán gris que solo puede abandonar durante los veranos. La montaña se convierte entonces en el mejor lenguaje para comunicarse con su hijo, un legado que solo el tiempo conseguirá poner en valor.

Traducción de César Palma

Fotografía de la cubierta: Nicola Magrin


miércoles, 5 de septiembre de 2018

LA PRIMERA MANO QUE SOSTUVO LA MÍA de Maggie O'Farrell


Por un lado, en los años 50 en Gran Bretaña, Alexandra, que tiene 21 años, conoce por casualidad a un hombre mayor que ella, Innes, quien no solo le cambia el nombre por Lexie, sino que también le cambia la vida. Seremos partícipes de su evolución como mujer independiente y de como va creciendo como persona a nivel personal y profesional. Cuando es madre escribe para un periódico en el que colabora un magnífico discurso titulado “La mujer en la que nos transformamos cuando tenemos hijos.”
Por otro lado, en la época actual, Elina y Ted han sido padres. Ella estuvo apunto de morir en el parto y no recuerda ese momento, y parece que tiene otros olvidos. Mientras tanto al padre esta nueva etapa le hace revivir su infancia y regresar a su mente recuerdos que tenía olvidados.
Los dos relatos se van intercalando, parecen inconexos, en dos épocas diferentes y con personajes que parecen no tener nada que ver. Entretanto las vidas de todos ellos fluyen, y tal vez la maternidad podría ser ese nexo común (el título del libro es muy significativo), tanto unos como otros viven una experiencia similar al ser padres. Sin embargo las dos historias continúan aparentemente por caminos diferentes. Hasta que algunos datos (muy pocos) empiezan a vislumbrar que si puede haber una conexión. Y a partir de aquí se aceleran la intensidad de los sentimientos, conduciendo a una explosión final que deja una profunda reflexión sobre la necesidad de saber quienes somos y de donde venimos.
La autora ha encaminado muy bien el tema que quería tratar, de una manera sencilla, con unos personajes que son la base de la novela, y poco a poco ha ido construyendo una historia que da que pensar.

Algunas frases del libro:

Todas las fotos del pasado parecen melancólicas y tristes precisamente porque captan algo que ya no es.”

Contraportada o parte de la misma:
Cansada de someterse a la voluntad de sus padres, Lexie Sinclair decide abandonar la casa familiar en el campo e instalarse en Londres. Allí conoce a Innes Kent, el editor de una revista de arte que la introducirá en los ambientes bohemios del Soho de mediados de los años cincuenta, y empezará una vida completamente distinta a la que estaba prevista para ella.
Años más tarde, en el Londres actual, la maternidad ha trastocado la vida de Elina: un día se olvida de los zapatos al salir de casa y al otro es incapaz de recordar el día del parto. Mientras, Ted, el padre de su hijo, se va encerrando en sí mismo y empieza a recordar episodios de su infancia que había olvidado.

Traducción de Concha Cardeñoso Sáenz de Miera

Imagen de la cubierta: Neil Webb