Libros para leer junto al fuego en invierno y a la sombra de un árbol en verano

viernes, 25 de septiembre de 2015

EL LECTOR DEL TREN DE LAS 6.27 de Jean-Paul Didierlaurent

El lector del tren es Gribrando Viñol, es ese tipo extraño (la imagen de la cubierta expresa mucho) que lee en voz alta hojas sueltas, fragmentos de libros sin relación, en el trayecto del tren de las 6,27 de la mañana. Vive sólo con su pez rojo. Ama los libros aunque su trabajo sea destruirlos. Precisamente esa máquina, la Cosa, corrompe sus días. También huye de los malos recuerdos, de los tipos que se reían de él en el colegio, de las preguntas de su madre, de una tumba en la que nunca había creído. Se refugia en esos momentos de lectura en voz alta. Y cuando encuentra un pendrive en el tren, su vida empieza a cambiar.
Y sobre este personaje se desarrolla la historia, pero hay otros que también podrían ser protagonistas, porque las vivencias de Giuseppe, de Julie, de Yvon Grimbert, de las hermanas Delacôte, son suficientemente interesantes como para desarrollarlas en otras novelas. Incluso la máquina destructora de libros, la Cosa, podría ser un perfecto personaje de un relato de terror.
Precisamente voy a empezar a hablar de ese monstruo, pues la descripción tan detallada que hay en un par de páginas del principio es impresionante e impactante, pone la piel de gallina. Consigue transmitir repulsión y asco hacia una máquina que da la sensación que tiene vida propia. En esas líneas hay una palabra que la define perfectamente “genocida”. No hace falta decir más.
Como complemento a La Cosa hay un par de personajes que resultan igual de espeluznantes. Kowalski, el jefe del STRN, Sociedad de Tratamiento y Reciclaje Natural, lugar donde cada día se realiza la conversión en pasta de papel del contenido (que son libros) de camiones de 38 toneladas. Y Brunner, trabajador con grandes aspiraciones. Ambos son descritos como personas despiadadas, sin escrúpulos, que disfrutan con su trabajo. Sus descripciones transmiten repulsión.
El contrapunto a estos seres desagradables, lo ponen personajes corrientes, solitarios, aparentemente con vidas anodinas, que pasan desapercibidos en su ciudad, París, pero que esconden en su interior grandes historias que llaman la atención por lo extraordinarias. Como:
Yvon Grimbert, es el guardia de la empresa de reciclaje, pero también es versificador, sólo habla en versos alejandrinos, dejando atónitos a quienes le rodean.
Giuseppe, es un antiguo trabajador que tuvo un terrible accidente con la Cosa, en el que perdió las dos piernas, la historia de su búsqueda es tremenda. Tiene una relación especial con Gribrando, a quien le da consejos. 
Las hermanas Delacôte, y el resto de ancianos de una residencia, vuelven a sentirse vivos por la curiosa petición que ellas le hacen a Gribrando.
Y Julie, es la mujer “invisible” que trabaja en unos lavabos públicos de un centro comercial, que escribe un diario que le ayuda a sentirse viva. Un relato que no deja indiferente y que podría ser en sí mismo otra novela.
Ha sido un libro que me ha ido sorprendiendo según avanzaba la lectura, con pequeños momentos inolvidables como: los pensamientos de Gribrando cuando se fue su padre; la sorpresa ante un texto que lee a los ancianos; los peces rojos de su vida; la historia de las piernas de Giuseppe me ha emocionado especialmente (ahora estoy algo sensible con ese tema); y, por supuesto, los textos de Julie, pues algunas de sus minuciosas descripciones no tienen desperdicio.
Tal vez queda corto, ya que tiene personajes y temas en los que podía haber profundizado más. Pero todo acaba encajando, dejando un buen sabor, porque esas vidas que parecían insustanciales han ido encontrando lo que buscaban, sentirse vivas.

Algunas frases del libro:

“Contar era el mejor medio que había hallado para no pensar en nada más. Lo contaba
todo, cualquier cosa.”

“Él era el lector, el que traía las hermosas palabras.”

Contraportada:

Guibrando Viñol no es ni guapo ni feo, ni gordo ni flaco. Su trabajo consiste en destruir lo que más ama: es el encargado de supervisar la Cosa, la abominable máquina que tritura los libros que ya nadie quiere leer. Al final de la jornada, Guibrando saca de las entrañas del monstruo las pocas páginas que han sobrevivido a la carnicería. Cada mañana, en el tren de las 6.27, se dedica a leerlas en voz alta para deleite de los pasajeros habituales. Un día descubre por casualidad una pieza de literatura atípica que le cambiará la vida.

Traducción del francés por Adolfo García Ortega 


12 comentarios:

  1. Le tengo muchísimas ganas a este libro, aunque ya me había olvidado un poco de él... Tu reseña me viene genial para recordarlo. 1beso!

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    1. Tizire: es un libro que ha pasado algo desapercibido. Si lo lees ya contarás qué tal.
      Un abrazo

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  2. No era un libro que me llamase pero con cada reseña que estoy leyendo, la curiosidad me está pudiendo. Terminará cayendo.
    Besotes!!!

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    1. Margari: sus personajes son especiales, y merece la pena conocerlos.
      Un abrazo

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  3. Lo tengo anotadísimo este libro, a ver si me hago con él.
    Besos.

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    1. Manuela: espero que lo encuentres y puedas dar tu opinión.
      Un abrazo

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  4. Veo que te ha gustado, aunque paso por la reseña de puntillas, Blanca, que justo lo he empezado hoy.

    bsos!

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    1. rossy: casualidades lectoras. Estaré atenta a tu blog para conocer que te ha parecido este libro.
      Un abrazo

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  5. Qué ganas le tengo a este libro! :-D

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    1. Meg: entonces espero que te guste.
      Un abrazo

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  6. Está bien eso de que al menos deje buen sabor.

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    1. Espe: es que las vidas de los distintos personajes no dejan indiferente.
      Un abrazo

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Pido disculpas si tardo en publicar comentarios y en contestarlos. Este blog es muy importante para mí pero no lo único que hay en mi vida.
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