Libros para leer junto al fuego en invierno y a la sombra de un árbol en verano

martes, 4 de diciembre de 2018

EL OLVIDO QUE SEREMOS de Héctor Abad Faciolince


La intención de Héctor Abad Faciolince al escribir este libro fue hacer un homenaje a la memoria de su padre, Héctor Abad Gómez, un médico y catedrático universitario, que también trabajó en la OMS, que dedicó su vida a los demás para que tuvieran una vida mejor. Y que fue asesinado en Medellín el 25 de agosto de 1987.
Tuvieron que pasar 20 años para que Héctor (hijo) tuviera fuerza para recuperar sus recuerdos y, como parte de su duelo, compartirlos en esta mezcla de novela, ensayo y biografía, en donde por un lado muestra el profundo amor hacia su padre, y por otro hace un acercamiento a la realidad colombiana, tanto social como política, de la segunda mitad del siglo XX.
A su vez intenta que tengamos empatía con algunos de sus sentimientos, para que así el olvido tarde más en llegar. Lo mismo que aquel fatídico día no se rompió la cadena familiar, los asesinos no pudieron exterminarlos, y recuerda algo que aprendió de su papá: “a poner en palabras la verdad para que ésta dure más que su mentira.”
Tanto el título como la portada tienen su significado especial. El primero porque es un verso de un soneto atribuido a Borges, y que su padre llevaba escrito en un papel en el bolsillo cuando lo mataron. Y la segunda porque la niña de la fotografía es su hermana Marta, y lo que le pasó marcó un antes y un después en la vida de esta familia.
Empieza contando que en su casa vivían diez mujeres, un niño y un señor. Las mujeres eran: Tatá, niñera de su abuela, de casi 100 años, dos muchachas de servicio, cinco hermanas, su mamá y una monja. Luego estaba él y su papá. Así que narra su experiencia de ser prácticamente el único varón, y así dice que “si ya tener una madre es difícil, ni les cuento lo que es tener 6.”
Es llamativo el contraste entre la familia de su madre, relacionada con la iglesia, y la de su padre, liberales. Pero es bonito ver como se complementaban. Él agnóstico, ella mística, él odiaba el dinero, ella odiaba la pobreza. Pero se quieren tal y como son, con virtudes y defectos.
Son muchas las historias y las anécdotas familiares que narra, y al ser algunas de cuando era niño producen ternura y sacan sonrisas. Otras reflejan tristeza. Y cuando son temas más serios utiliza un lenguaje que no produce dolor, aunque se note de fondo, pues la realidad del país era dura.
En todo el texto prevalece el amor hacia su padre, ese ser humano que siempre le daba buenos consejos y reflexiones, que lo educaba sin normas y con mucho sentido común. Y es que este hombre, Héctor Abad Gómez, era una persona excepcional, bondadosa, dadivosa, se preocupaba de los demás y se esforzaba por mejorar la calidad de vida de sus vecinos. Era médico pero no le gustaba ejercer como tal, sino dedicarse a la medicina preventiva y social, quería conseguir agua potable para todos, vacunación universal, y siempre defendía los derechos humanos. Tenía compromiso social y sueños de justicia. Él dijo: Una sociedad humana que aspira a ser justa tiene que suministrar las mismas oportunidades de ambiente físico, cultural y social a todos sus componentes. Si no lo hace, estará creando desigualdades artificiales. Son muy distintos los ambientes físicos, culturales y sociales en que nacen, por ejemplo, los niños de los ricos y los niños de los pobres en Colombia. Los primeros nacen en casas limpias, con buenos servicios, con biblioteca, con recreación y música. Los segundos nacen en tugurios, o en casas sin servicios higiénicos, en barrios sin juegos ni escuelas, ni servicios médicos. Los unos van a lujosos consultorios particulares, los otros a hacinados centros de salud. Los primeros a escuelas excelentes. Los segundos a escuelas miserables. ¿Se les está dando así, entonces, las mismas oportunidades? Todo lo contrario. Desde el momento de nacer se los está situando en condiciones desiguales e injustas”.
Así mismo se declaró “cristiano en religión, marxista en economía y liberal en política.” Sus denuncias y su lucha contra la desigualdad eran porque quería un mundo mejor.
A cambio recibió críticas y le clasificaron de marxista por parte de los sectores ricos y de la iglesia. Tuvo que marcharse por temporadas al extranjero. Pero siempre volvía para continuar con su trabajo. Todo esto sucedió en Colombia a mediados y en la segunda mitad del siglo XX. Vivió en directo la crisis de la universidad, y como con el cambio político el Estado se fue de un extremo a otro. Los años 80 con los paramilitares y la violencia contra opositores políticos de izquierdas y contra personas liberales, porque querían salvar al país del comunismo, con su plan de “anular cerebros”, un poco (como se recuerda en este libro) lo que dijo Millán Astray de “viva la muerte, abajo la inteligencia”. Convirtiéndose en los primeros años de 1990 en el país más violento del mundo, por el conflicto armado entre diferentes grupos políticos, mafiosos, narcos y delincuencia.
El propio doctor Abad decía que la violencia estaba provocada por la desigualdad. Ante la pobreza si ofrecían dinero por ser sicario, la respuesta de algunos era clara. Así fue como no fue el hambre, ni las enfermedades, sino que quien más muertes produjo fueron otros seres humanos.
Lo esencial de este libro, aparte del grandísimo amor de un hijo a un padre, es que es un testimonio real de lo que sucedió en la historia, no tan lejana, del mundo en que vivimos.
Como complemento del libro recomiendo el documental “Carta a una sombra” de Daniela Abad y Miguel Salazar (enlace aquí). Ella es hija de Héctor Abad Faciolince y nieta de Héctor Abad Gómez. Quien tenía un año cuando asesinaron a su abuelo. Y esta también ha sido su contribución para conservar su memoria.

Algunas frases del libro:
Es una de las paradojas más tristes de mi vida: casi todo lo que he escrito lo he escrito para alguien que no puede leerme, y este mismo libro no es otra cosa que la carta a una sombra.”

No es que uno nazca bueno, sino que si alguien tolera y dirige nuestra innata mezquindad, es posible conducirla por cauces que no sean dañinos, o incluso cambiarle el sentido.”

Lo peor en la vida es no ser lo que uno es.”

Creo que hay episodios de nuestra vida privada que son determinantes para las decisiones que tomamos en nuestra vida pública.”

El exceso de noticias deportivas era el nuevo opio del pueblo, lo que lo mantenía adormecido, sin nociones de lo que de verdad ocurría en la realidad.”

Contraportada o parte de la misma:
El médico Héctor Abad Gómez dedicó sus últimos años, hasta el mismo día en que cayó asesinado en pleno centro de Medellín, a la defensa de la igualdad social y los derechos humanos. “El olvido que seremos” es la reconstrucción amorosa y paciente de un personaje; está lleno de sonrisas y canta el placer de vivir, pero muestra también la tristeza y la rabia que provoca la muerte de un ser excepcional.

Ilustración de la portada: Marta Cecilia Abad. Archivo privado


8 comentarios:

  1. Leí este libro en el club de lectura al que pertenecí hace unos años. Nos estremeció a todos con esta historia, casi documental, pero llena de afecto y agradecimiento hacia esa figura que es más que un padre. Siempre recomendable. Se me cayeron lágrimas en algunas páginas, eso es difícil en un libro.

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  2. ¡NO lo conocía de nada!
    Lo voy a apuntar, y lo indagaré.
    BEsos.

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  3. Lo voy a apuntar para cuando tenga un poquito más de tiempo para leer, se ve un libro muy intenso al que dedicar todos los sentidos

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  4. Es de esos libros que te llegan, que te calan, de los que no se olvidan.
    Besotes!!!

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  5. Me parece una historia muy interesante sobre todo por la figura del padre y la situación pero no sé, me da que se me va a hacer pesada.
    Besos

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  6. No he leído nada de este autor pero creo que la historia de esta novela me encantaría.

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  7. A mi en cambio no me terminó de convencer, la verdad. Pero es más porque la forma de escribir de este hombre y yo no terminamos de encajar
    Besos

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  8. Estoy deseando leerlo. Asistí a una charla y me cautivó, desde entonces ando con este título en mente. Un besote!

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Pido disculpas si tardo en publicar comentarios y en contestarlos. Este blog es muy importante para mí pero no lo único que hay en mi vida.
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