Libros para leer junto al fuego en invierno y a la sombra de un árbol en verano

viernes, 31 de agosto de 2012

LUGARES QUE NO QUIERO COMPARTIR CON NADIE de Elvira Lindo


Un libro es una ventana al mundo y a la imaginación. Con la lectura puedes viajar y soñar.  En esta novela conoceremos de primero mano algunos aspectos de la ciudad de Nueva York que contribuirán a sentirla y visualizarla de una forma muy personal gracias a la experiencia de la propia autora, quién vivió largas temporadas allí.
Son muchos los Nueva Yores que hay en Nueva York, y Elvira Lindo ha paseado por todos o casi todos ellos, porque se ha movido a diario por dentro de su barrio y de otros barrios, no ha realizado turismo, lo que le ha producido cercanía emocional, sintiéndose integrada, creándole curiosidad y ganas de continuar descubriendo lugares, llegando a sentirse como si volviera a su barrio madrileño, a la cercanía de unos seres humanos con otros, a añorar ese deseo de establecerse, vivir tranquila y prosperar.
Es una ciudad en la que todo puede suceder, hasta detalles cotidianos que aparecen en las películas norteamericanas, y que por inverosímiles que parezcan son reflejo de una realidad. Como las barras de los bares que son lugares para sentir la cercanía de otros seres humanos que también están solos.
Nueva York es tolerante con los portadores de sueños y a la vez es la ciudad de los sueños rotos.
Es una ciudad poblada de nómadas, donde las amistades no pueden ser estables, pero a pesar de la distancia los estadounidenses saben mantener el afecto, están acostumbrados desde muy jóvenes a vivir lejos de sus seres queridos.
La autora nos describe, mas bien diría que humaniza, una ciudad que ya considera la suya, comparte sus impresiones que van unidas a su carácter y su forma de ser. Intercala algunos guiños literarios, sobre todo, de Salinger y su libro “El guardián entre el centeno” (reseña aquí). Nos cuenta las conversaciones con su hijo Miguel de escribir un libro sobre Nueva York con dibujos algo retro entre la narración. Y entre mis manos he tenido, leído y visualizado el resultado, porque Elvira Lindo lo ha escrito y Miguel lo ha ilustrado.
Este libro es un homenaje a una ciudad y a unos lugares que forman parte de su vida, y de la de su marido, Antonio Muñoz Molina, al que nombra en numerosas ocasiones. Con él y su libro “Ventanas de Manhattan” (reseña aquí) también “viajé” hace unos veranos a los lugares más personales de Nueva York.
Son dos libros diferentes, cada uno tiene el estilo y los rasgos de su autor, ambos me han gustado, pero recuerdo más gratamente las muchas ventanas que nos describe Muñoz Molina.

Algunas frases del libro:

“Manhattan me hizo entender el mundo a través de los puntos cardinales.”

“Pasión por los lugares de barrio que resumen el ir y venir de los días, que albergan encuentros vecinales, detienen un poco el tiempo y nos protegen de la vida a la intemperie.”

“Soy neoyorkina por la familiaridad que siento ya con la ciudad y soy extranjera porque no tengo raíces aquí.”

“Pero ahora creo que es difícil encontrar un lugar en el que los seres humanos, tan furiosamente individuales y tan sometidos a la rudeza de un mundo para el que hay que ser de acero, logren levantar la cabeza una y otra vez, con una voluntad de no rendirse por completo que sobrecoge.”

“Es sólo un bar pero esta ciudad ama todo aquel lugar en el que se propicia la relación entre seres humanos.”

Contraportada:

Elvira Lindo recorre en estas páginas aquellos lugares de Nueva York que tienen algo especial, escenarios que evocan situaciones personales o que pertenecen a nuestro imaginario colectivo. A partir de una conversación con un desconocido en el barrio de Queens, Elvira Lindo se retrata a sí  misma a medida que descubre rincones de Nueva York en las calles por las que caminaron Salinger, Lorca o Louis Amstrong. Al hacerlo, nos revela la esencia de algunos lugares que existen todavía y otros que permanecen en el corazón.


miércoles, 22 de agosto de 2012

LA MUJER JUSTA de Sándor Márai


Tres partes componen esta novela, en cada una un personaje narra a modo de monólogo, casi como una confesión porque necesitan contárselo a alguien, su propia experiencia amorosa. Es una relación que involucra a los tres. Así que iremos conociendo tres versiones de unos mismos hechos.
Marika hace un repaso sobre como fue su matrimonio y como Péter en algunos aspectos le era desconocido. Habla sobre el amor y los sentimientos. Dándose cuenta de que estaba tan concentrada en un hombre que no tenía tiempo para ocuparse del mundo. Tras el divorcio su vida empieza a tener sentido.
Péter recuerda su vida y el ambiente burgués donde se ha criado. Se siente un artista que por desgracia nunca consiguió encontrar su forma de arte. Busca una mujer que disuelva la soledad de su alma.
Judit sabe más de la pobreza, del mundo y de la convivencia humana que todos los tratados de sociología. Piensa que la familia es una necesidad, mientras que para los burgueses es una obligación.
Tres puntos de vista sobre sus relaciones, la vida, el amor, el desamor, la pasión, el destino, la soledad, la amistad, las clases sociales, que nos llevarán a explorar el fondo de sus almas en medio de crisis existenciales, ese deseo de amar y ser amado mezclado con la cobardía del miedo al fracaso, esa búsqueda de la persona perfecta que nos colme de felicidad. Nos conducirá a intentar comprender el verdadero significado de las acciones y las relaciones humanas y a conocer los límites de la naturaleza humana. Porque veremos que el ser humano es muy extraño y  a veces en medio de la soledad perfecta busca a la mujer perfecta (justa) y al hombre perfecto (justo).
Pero esta novela que se desarrolla en Budapest en los años 40 también nos acercará a la sociedad de la época, a la burguesía, la aristocracia y las clases bajas, y como vivieron y experimentaron el asedio de su ciudad, la llegada de los nazis, las cruces flechadas, los rusos, los comunistas, la guerra y los bombardeos. Como vieron Budapest destrozada, la sensación que les produjo ver su ciudad sin puentes, sus casas sin libros, sus vidas sin esperanza.
Sándor Márai consigue página tras página llenarnos el alma con una narración estupenda, que no se hace nada pesada, ni se llegan a echar de menos los diálogos, porque su prosa es perfecta, lo mismo que sucede con su libro "El último encuentro". Además es magnífico como profundiza en temas importantes y reflexivos sobre la vida y la naturaleza humana.

Algunas frases del libro:

“A veces pienso que uno decide hacer algo no porque sea una cosa buena o sensata sino simplemente porque puede hacerlo.”

“¡Cuántos pequeños detalles forman a una persona!”

“Hay instantes en la vida en que lo ves todo claro, con absoluta lucidez: vuelves a descubrir energías y posibilidades escondidas, y comprendes por qué has sido tan cobarde o tan débil. Esos momentos constituyen puntos de inflexión en la vida. Llegan sin avisar, como la muerte o la conversión.”

“No callamos o hablamos sólo con la boca, sino también con el alma.”

“No hay nada de lo que avergonzarse en la vida excepto de la cobardía, que hace que uno no sea capaz de dar sentimientos o no se atreva a aceptarlos.”

“Comprendí que los grandes acontecimientos ocurren en absoluto silencio, por la fuerza de la inercia, y que detrás de los acontecimientos visibles y perceptibles hay otra cosa, un monstruo adormecido en algún lugar del mundo, detrás de los montes y de los mares, ese monstruo perezoso y torpe que se esconde en el corazón de todos nosotros y que rara vez se despereza e intenta agarrar algo.”
“Pero para el delirio no hay explicación. Tarde o temprano irrumpe en todas las vidas... y quizá sea muy pobre la existencia que no se ha visto arrastrada al menos una vez por la tormenta del delirio, la vida que no ha sufrido las sacudidas de un terremoto hasta en sus cimientos o la fuerza de un tornado, que arranca las tejas con un rugido y que resuelve en un momento todo lo que la razón y el carácter han mantenido en orden hasta entonces.”

“El amor, como la muerte, tiene un tiempo que no se puede medir con el reloj ni con el calendario.”

“En la vida ocurre todo lo que tiene que ocurrir y, al final, todo encuentra su lugar.”

“Yo, amigo mío, esperaba un milagro. ¿Qué milagro? Sencillamente, que el amor fuese eterno, que rompiera la soledad con su fuerza sobrehumana y misteriosa, que disolviera la distancia entre dos seres humanos y derribase todas las barreras artificiales que habían levantado la sociedad, la educación, el patrimonio, el pasado y los recuerdos.”

“Las cruces flechadas habían estado robando durante semanas. Era como una epidemia... Se lo habían robado todo a los judíos... los pisos, las tierras, los comercios, las fábricas, las farmacias... luego los echaron de las oficinas y, por último, de la vida.”

“¿Quería descubrir por qué hay ricos y pobres? Todo lo que escriben y dicen sobre este tema los intelectuales calvos con gafas de hueso, los curas que siempre andan pontificando con sus discursos para tontos, los revolucionarios barbudos que berrean en los mítines, todo es puro cuento... La única, la espantosa realidad.... es que no hay justicia en el mundo.”

Contraportada:
Una tarde en una elegante cafetería de Budapest, una mujer relata a su amiga cómo un día, a raíz de un banal incidente, descubrió que su marido estaba entregado en cuerpo y alma a un amor secreto que lo consumía, y luego su vano intento por reconquistarlo. En la misma ciudad, una noche, el hombre que fue su marido confiesa a un amigo cómo dejó a su esposa por la mujer que deseaba años atrás, para después de casarse con ella perderla para siempre. Al alba, en una pequeña pensión romana, una mujer cuenta a su amante cómo ella, de origen humilde, se había casado con un hombre rico, pero el matrimonio había sucumbido al resentimiento y la venganza. Cual marionetas sin derecho a ejercer su voluntad, Marika, Péter y Judit narran su fallida relación con el crudo realismo de quien considera la felicidad un estado elusivo e inalcanzable.


Traducción de Agnes Csomos

lunes, 13 de agosto de 2012

LA VOZ DORMIDA de Dulce Chacón


Me ha gustado ese comienzo breve y directo, donde en página y media pasamos del dolor y la derrota a la risa para ahuyentar el miedo. En estos primeros párrafos me ha atrapado la historia de estas mujeres, de Hortensia, Elvira, Reme, Tomasa..., que están presas en las Ventas, que se sienten entre sí como una familia, que se reparten el hambre y la comida. Que desconocen su futuro y, sin embargo, nosotros si sabremos porque el narrador nos adelanta algunos acontecimientos utilizando frases escuetas y rotundas, afirmaciones de hechos que sucederán, y que a pesar de saberlos me hacían no perder la esperanza de que fuesen de otra forma, porque he sentido cariño y admiración por unas mujeres que bien podían haber sido mis abuelas, mis tías o mi madre, porque leer sobre la Guerra Civil española y la posguerra es acercar una realidad que fue un silencio, un tema que a pesar del tiempo transcurrido se contaba a retazos y en voz baja. Pero como una de ellas mismas nos recuerda: “hay que sobrevivir para contar la historia”, y en este libro será Pepa o Pepita, como prefiere que la llamen cuando averigua que “La Pepa” es cuando sacan a las presas condenadas a muerte para llevárselas, no hace falta decir a dónde, se da por supuesto. Como muchas de otras escenas descritas donde con pocas palabras la autora nos dice mucho. Será Pepita, hermana de Hortensia, el nexo de unión con diferentes personajes, de dentro y fuera de la prisión, familiares de presas que recorren largas distancias y gastan sus poquísimos recursos en poder verlas unos minutos unas pocas veces al año; civiles que se arriesgan cortando un trozo de tela a las ejecutadas antes de que las echen en la fosa común para que sus familias pueden identificarlas; guerrilleros ocultos en las montañas intentando ayudar a los perseguidos; el médico que recupera su vocación por salvar una vida.
Pepita siempre estará ahí, ayudando pero sin afiliarse al partido, involucrada por diferentes motivos, pasarán 26 años hasta que pueda recuperar sus sueños. Y junto a ella conoceremos el sin vivir de otras personas que tan sólo tenían otras ideas.

Me han gustado esas dos hojas de agradecimientos del final del libro, mujeres y hombres que tenían mucho que contar y que hasta ahora sólo habían guardado silencio. Me ha movido algo por dentro el recordatorio a las Trece Rosas, la brevísima mención a Santa Cruz de Moya y cada vez que el Chaqueta Negra decía “chiqueta”.
Había oído hablar mucho de este libro, incluso antes de que estrenaran la película, la cual aún no he visto. Y ahí lo tenía en esa larga lista de lecturas pendientes, así que lo he leído con ganas y en ningún momento ha bajado el listón que tenía puesto en él. Dulce Chacón escribió una gran novela sobre una época clave en la historia de España, donde las mujeres también fueron parte importante, unas en primera fila y otras en la retaguardia, dejándonos muy claro como fueron sus experiencias. En esa larga lista de nombres al final del libro sabremos que se documentó y que convirtió en historia novelada la realidad de mucha gente, poniéndole palabras a tantos años de silencio.


Algunas frases del libro:

“La fiebre no es más que otra forma de delirio. Delirar es soñar. Y soñar es sentirse lejos. Soñar es estar de nuevo en casa. Lejos.”

“Le gustaría volver al verano del treinta y seis, al principio de aquel verano, cuando Hortensia aún no se había vestido de miliciana y Felipe la cortejaba, al carnaval, al baile de máscaras, cuando su padre aún podía enseñarles a reír.”


“Los malos momentos vienen solos, pero los buenos hay que buscarlos.”

“La desesperación es una forma de negar la verdad, cuando asumirla supone aceptar un dolor insoportable. Y el cuerpo se niega, se rebela. El sentimiento ruge. Y Tomasa se deshace por dentro y por fuera en un rincón de la celda. Sentada en la silla de Reme se deshace. Porque Reme se ha ido.”


“Libertad, pronuncia en voz baja. Libertad, qué extrañas son las palabras que se resisten a ser pronunciadas sin que el rubor nos alcance. Y qué extraño es llamar libertad a una carrera en la noche, al cielo raso, al monte bajo, al frío y al calor, a un pañuelo en la boca, a un fusil en la mano.”

“En casa, a escondidas, llorarán. Rezarán por ellos a escondidas. No hay duelo si no hay difunto. No encargarán ninguna misa, ningún responso, ningún funeral para sus muertos. Sus muertos no les pertenecen. No se pondrán de luto. Y no habrá redoble de campanas.”

“La soledad se descubre a menudo en la necesidad de un abrazo.”

Contraportada:


Un grupo de mujeres, encarceladas en la madrileña prisión de Ventas, encuentran en la dignidad y el coraje la única arma para enfrentarse a la humillación, la tortura y la muerte.