Esta novela se puede enfocar desde la sencillez de una
historia donde un hombre y una mujer se conocen de un modo casual por internet,
al más puro estilo romántico como en la película “Tienes un e-mail”, o con la
complejidad de por qué dos personas desconocidas no pueden dejar de escribirse
mensajes, y profundizar en qué necesidad tiene cada uno de ellos para que sea
prioritario ante todo lo demás mantener esa relación epistolar moderna. Cada
uno que lea esta novela que elija lo que más le apetezca según su estado de
ánimo: sencillez o complejidad.
Emmi y Leo, dos completos desconocidos que el azar pone en
contacto, utilizan el correo electrónico como vehículo de emociones, los
continuos mensajes crean un mundo virtual donde no hay sitio para nadie más que
ellos dos. Para ella es una especie de tiempo muerto familiar. Para él es una
terapia de superación de una relación (real) anterior. Para ambos es un refugio
donde se sienten bien, fuertes y seguros, donde son capaces de decir lo que
había que decir y sentir lo que había de sentir.
La relación entre ambos crece hasta tal punto que se van a
dormir enviándose e-mails y se levantan de la misma manera, prácticamente se
han convertido en adictos uno del otro. Se necesitan, aunque incluso para
ellos, es difícil entender por qué. Este medio de comunicación se convierte en
un confesionario moderno, donde se sinceran. Estando más cerca el uno del otro
de lo que nunca estuvieron de otra persona, mientras se enriquecen
interiormente.
En su mente se han forjado como se imaginan uno al otro. Por
una parte saben que lo que están haciendo no tiene sentido, que no forma parte
de la vida real. Así que plantean conocerse ¿Se producirá ese encuentro?
¿Supondrá el fin de la relación?, os dejo estas preguntas para que quien desee
saber más tenga que leer este libro, semejante a lo que hace el autor cuando
llegas al final y te dice: continuará en “Cada siete olas”...
Un libro muy ágil de lectura, porque los diálogos son
e-mails, en su mayoría breves, por tanto cuando empiezas a leerlo apenas puedes
parar, por suerte está dividido en capítulos, un tanto al azar, pero pienso que
con toda la intención para que de vez en cuando podamos hacer una pausa en la
lectura.
Directamente
no me ha transmitido emociones ni sentimientos, tan sólo curiosidad por saber
si llegarían a conocerse en persona. Y la parte más profunda, por llamarla de
alguna manera, es cuando entiendes el por qué del título. Pero, como he dicho
en el primer párrafo, si lo enfocas desde un punto de vista más complejo la
temática da para pararse a pensar, y es que las relaciones por internet y, en
general, todo este mundo de redes de comunicación, empiezan a ser parte de nuestras vidas ¿o
no lo es este blog?
Algunas frases del libro:
“Nos dedicamos a despertar la curiosidad del otro y a seguir
alimentándola al no satisfacerla de manera definitiva. Intentamos leer entre
líneas, entre palabras, y pronto entre letras tal vez. Hacemos grandes
esfuerzos por juzgar bien al otro. Y al mismo tiempo nos preocupamos por no
desvelar nada importante de nosotros mismos.”
“Quien busca una aventura no está viviendo ninguna.”
“Uno sólo puede pedirle a los demás que sean lo que es uno:
un montón de caprichos, un cúmulo de dudas de sí mismo, una combinación de
divergencias.”
“Los viejos tiempos no pueden repetirse. Como su nombre
indica, son viejos. Los nuevos tiempos nunca pueden ser como los viejos. Cuando
lo intentan, parecen viejos y agotados, como quienes los echan de menos. Nunca
deberían añorarse los viejos tiempos. El que añora los viejos tiempos es un viejo
añorante.”
Contracubierta o parte de la misma:
En la
vida diaria ¿hay algún lugar más seguro para los deseos secretos que el mundo
virtual? Leo Leike recibe mensajes por error de una desconocida llamada Emmi.
Como es educado, le contesta y como él la atrae, ella escribe de nuevo. Así,
poco a poco, se entabla un diálogo en el que no hay marcha atrás. Parece sólo
una cuestión de tiempo que se conozcan en persona, pero la idea los altera tan
profundamente que prefieren posponer el encuentro. ¿Sobrevivirán las emociones
enviadas, recibidas y guardadas un encuentro "real"?