Libros para leer junto al fuego en invierno y a la sombra de un árbol en verano

martes, 27 de enero de 2015

EL VERANO SIN HOMBRES de Siri Hustvedt

En esta novela me he encontrado con los sentimientos, divagaciones, recuerdos, presencias, don nadies, amigos imaginarios, y meditaciones de lo que le ha sucedido a Mia, una mujer de cincuenta y cinco años, que se enfrenta a una situación en su matrimonio que le rompe su rutina de treinta años. Esa “pausa” (con nombre y apellido) que le pide Boris, le produce un trastorno psicótico transitorio.
Narrada en primera persona, casi como un diario personal, dirigiéndose en ocasiones a los lectores, preguntando si seguimos ahí, llegando a considerarnos amigos, fieles lectores, queridos para ella, incluso agradeciendo la lealtad de seguir ahí. Recurso que me ha parecido curioso y que le da un punto de ironía.
La historia transcurre durante un verano que pasó en Bonden, su ciudad natal,  con su madre, los Cisnes (las amigas ancianas de su madre), Lola y sus pequeños hijos Flora y Simon (vecinos), las jóvenes brujas (grupo de adolescentes a quienes imparte un taller de poesía), y la Doctora S. (psiquiatra con la que habla por teléfono). Personajes femeninos que forman este verano sin hombres. Esta pausa y los hombres fuera de escena producen un corte en su vida, y en el lugar donde se refugia espera a ver si alguna anciana, adolescente poeta, vecina afable, una niña de 4 años o el pequeño Simon pueden hacer algo.
Me ha dejado la sensación de normalidad y cercanía, pues me ha resultado fácil empatizar con sus emociones producidas por los recuerdos compartidos de tantos años de matrimonio. Por la sensación que deja cada objeto conocido al estar cargado de significados acumulados por el tiempo. Por la fugacidad del sentimiento humano cuando en un segundo se puede pasar de la autocompasión a la cima de la alegría. Por la fragilidad de los seres vivos.  Por el efecto de rabia, odio y amor. Por la huella que van dejando los intrincados caminos de la vida marital. Por el intentar regresar emocionalmente con tu pareja dentro de las posibilidades. Por la distancia entre los dos. Por la pregunta de si ¿podemos cambiar y seguir siendo los mismos? Por la respuesta de que mucho de lo que nos pasa depende del azar, depende de otros, pues no podemos controlarlo todo. Y, tal vez, porque me voy aproximando a esa edad y a esos años de matrimonio y, a veces, la realidad supera a la ficción (espero que no).
También dice que somos seres de carne y hueso, así que el adulterio como la furia de la esposa engañada podrían ser excusables. Pero cuando llega el momento de perdonar y olvidar, como conseguir lo último, si no se produce amnesia (a mi personalmente me ha dado que pensar). A partir de ahí ¿las cosas son diferentes en la pareja? ¿podría volver a ser como antes?  Preguntas que inducen a la reflexión, que a la protagonista de esta historia le llevan a valorar el tiempo compartido, la hija en común, a avanzar hacia ese algo que hay dentro de ella.
Me han llamado la atención los pequeños incisos con guiños literarios, con poemas (Mia es poetisa) y con referencias al cine. Pero, sobre todo, me ha parecido un relato algo intimista, escrito por una mujer, sobre personajes femeninos de todas las edades, lo que da distintas perspectivas sobre los temas. Pero no es un libro feminista.

Algunas frases del libro:

“Ante mí estaba lo que sería el hiato entre la Locura Invernal y la Serenidad Otoñal, un lapso de tiempo sin otra perspectiva que llenarlo con poemas.”

“Es imposible adivinar el final de una historia mientras la estás viviendo; carece de contornos y se constituye como una serie de palabras y datos incipientes y, para ser sinceros, nunca recuperamos toda la información de aquello que fue.”

“En esa historia nuestros cuerpos, pensamientos y recuerdos están entretejidos de tal forma que es difícil discernir dónde termina una persona y empieza otra.”

Contraportada:

Cuando Boris Izcovich dijo la palabra “pausa”, Mia Fredricksen, de cincuenta y cinco años, que llevaba casada treinta con Boris, enloqueció. Porque lo que deseaba su marido era una pausa en su matrimonio, después de treinta años sin adulterios por parte de ninguna de las partes –aunque parezca increíble--, una hija encantadora que iniciaba su carrera de actriz y una relación entre ellos que había ido evolucionando desde el ardor guerrero de los primeros tiempos a la simbiosis casi telepática de los últimos. Hay que decir que la “pausa” de Boris es francesa, compañera de trabajo en el laboratorio –ambos son neurocientíficos--, joven y con buenas tetas. Pero la locura de Mia no fue más que una breve psicosis reactiva, y a la semana y media la dejaron marchar de la clínica donde había sido internada. Y éstos son los prolegómenos del verano en que Mia regresa a Bonden, la ciudad de su infancia, donde aún vive su madre en una residencia para ancianas activas e independientes.

Nota personal: y aunque en la contraportada pone mucho más, yo sólo pongo este trozo, porque sino creo que se desvela demasiado del contenido.

Traducción de Cecilia Ceriani

jueves, 15 de enero de 2015

LA CIUDAD DE LOS OJOS GRISES de Félix G. Modroño

Esa ciudad es Bilbao, la de los primeros años del siglo XX, descrita hasta el mínimo detalle, tanto que, sin conocerla en persona, me ha permitido viajar allí con mi imaginación, y apreciarla con los cinco sentidos, pues son numerosos los datos que describen cada lugar.
Esos ojos son de Izarbe, personaje que se va conociendo poco a poco, pues a raíz de su muerte sabremos sobre su pasado.
Y ambas son los grandes amores de Alfredo Gastiasoro, profesor de arquitectura en París, apasionado de la pintura, la fotografía y la literatura, un bohemio frustrado. Tras la muerte de su madre huyó de Bilbao a París, que es la eterna huída. Tras la muerte de Izarbe regresa de París a Bilbao, que es el eterno retorno.
Ahora se enfrenta a su pasado, tratando de averiguar la verdad sobre su vida, pues durante años ha guardado un secreto de labios de su madre. Y también desea averiguar la verdad sobre la muerte de Izarbe, de quién se enamoró desde niño, pero ella se casó con Javier Gastiasoro. Mientras Alfredo ha continuado buscando el calor en otros brazos.
La relación entre los hermanos Gastiasoro es distante, incluso Alfredo tiene dudas sobre su hermano, y es que ahora se encuentran solos ante su pasado.
Por otra parte está la investigación policial al haber aparecido el cadáver de Izarbe en el río, llevada a cabo por el comisario Fernando Zumalde, amigo desde niño de Alfredo y Javier.
Me ha parecido una novela muy completa, por la parte que tiene de intriga, de romance, de descripción de los lugares (también se habla de París) y de repaso histórico a los primeros años del siglo XX. Haciendo un conjunto muy bueno. Además, está muy bien tramado el desarrollo de la historia combinando el momento presente con los recuerdos que reconstruyen el pasado. Insertando en determinados momentos nuevas revelaciones, como la del mendigo o la de su madre, dándole pequeños giros al argumento. Pero sin perder en ningún momento el aire de nostalgia que transmite “La ciudad de los ojos grises”.

Algunas frases del libro:

“Y es que al final, algunos ideales son alimentados por estómagos hambrientos.”

“Sus ojos, del color del cielo de Bilbao en los días de niebla tenue.”

“Uno siempre recuerda el día en el que conoce a las personas que quiere.”

“Determinó que no seguiría acomodado en una silla de recuerdos, mirando un mar de incertidumbres.”

Contraportada:

Tras varios años viviendo en París, Alfredo Gastiasoro regresa a Bilbao cuando se entera de que Izarbe ha muerto. Su retorno pretender ser el último homenaje a la mujer que amó, pero pronto se convertirá en una pesquisa sobre las inquietantes circunstancias que rodearon su muerte.
Alfredo tendrá que enfrentarse a su propio pasado, reviviendo una historia de amor que coincide con la época en que Bilbao deja de ser una población casi rural para convertirse en una de las ciudades más prósperas del Viejo Continente.

jueves, 8 de enero de 2015

EL TESTIGO INVISIBLE de Carmen Posadas

Cuando un escritor (en este caso escritora) tiene delante una historia real y la convierte en novela, contribuye a que la imaginación del lector (en este caso lectora) se traslade a esa época determinada y se convierta en observador/a directa de esos acontecimientos. De esta manera he sido testigo (invisible) de los cambios producidos en Rusia a principios del siglo XX, del período histórico que abarca de la Primera Guerra Mundial hasta la Revolución Rusa.
Son los años donde tuvo cierto protagonismo la familia imperial, con un final trágico. Lo mismo que el que tuvo Rasputín. Sucesos relatados por Leonid Sednev, quien en 1994, y con 91 años, escribe una larga confesión de lo que sabe, de lo que vio y de lo que oyó, durante el tiempo que fue sirviente de los Romanov. Y como tal, sordo, mudo y ciego, con muchos secretos a sus espaldas, guardados durante años. Ahora sus recuerdos los completa con memorias y testimonios de otros, vistos con la perspectiva que da el tiempo. De esta manera conoceremos un retazo de la historia de Rusia, con sus secretos, rumores y mentiras, sus revoluciones, muertes y desprestigio.
Parece que de la Revolución rusa sólo interesa la muerte del zar Nicolás II y su familia, pero es importante conocer que tipo de sociedad deseaban instaurar los que propiciaron su caída. Y así Leonid, a quién le interesa la naturaleza humana, narra el curso de la historia de aquellos años convulsos, pasando por la siniestra figura de Rasputín, capaz de lo mejor y de lo peor. Por el día a día de las hijas de la familia imperial, Olga, Tatiana, Masha (María) y Anastasia, (para Leonid el reino de OTMA). Sin olvidar al pequeño Alexei, su compañero de juegos.
Me ha gustado la estructura de esta novela, contada en dos espacios temporales, teniendo por un lado los acontecimientos históricos de los años 1914 a 1918, de los cuales ya se conoce el final, y por otro el momento vivido por Leonid en 1994 que mantiene el misterio de qué va a suceder. También me ha parecido estupenda la interpretación de los hechos que ha desarrollado la autora, pues a partir de personajes y hechos reales ha reconstruido una historia que podría haber sucedido así, o no, donde comparten espacio los criados imperiales y las duquesas, donde reviviremos la época de los zares y la revolución bolchevique, pero lo veremos desde los ojos de un joven que sin quererlo fue testigo del cambio del Imperio Ruso, y ya anciano jamás pudo olvidar una mirada.

Algunas frases del libro:

“Los grandes secretos son como los hechizos, se desvanecen cuando uno los cuenta.”

“No hay en el mundo nada tan apasionante como estudiar a las personas, sobre todo cuando creen que nadie las está observando, y ser algo así como un testigo invisible.”

“En Rusia decimos que no se debe volver a donde uno ha sido feliz y que en este mundo solo existe un tipo de paraíso posible, el paraíso perdido...”

“Es triste ver de qué pequeñeces depende el destino de las personas.”

“Creo que hay pocos momentos más gratificantes en la vida que cuando lejanos retazos de información, conversaciones inconexas oídas aquí o allá e intuiciones vagas se alinean de pronto como planetas en el cielo o, mejor aún, como piezas de un calidoscopio que encajan hasta formar un dibujo perfecto.”

Contraportada:

Leonid Sednev, deshollinador imperial y más tarde pinche de cocina, tenía quince años la noche del 17 de julio de 1918, cuando un grupo de militares de la revolución bolchevique asesinó brutalmente a la familia imperial rusa. Leonid fue el único superviviente y testigo invisible de la tragedia.
Mucho tiempo después, un Leonid ya anciano decide recomponer sus recuerdos y comienza este relato, desde los ojos del sirviente de la familia imperial, con el que recrea los últimos años del Imperio ruso y el cambio de régimen.



Al calor de los libros os desea Feliz Año Nuevo 2015 y muchas lecturas.