Libros para leer junto al fuego en invierno y a la sombra de un árbol en verano

miércoles, 21 de noviembre de 2012

EL LECTOR de Bernhard Schlink


Una novela que no deja indiferente, como me ocurrió con "La cena" de Koch (reseña aquí), ambas plantean temas que llevan a generar un debate ético.
Dividida en tres partes, en la primera conoceremos la relación entre Michael y Hanna, a finales de los años 50 en una ciudad alemana, él es un adolescente que descubre el amor y las relaciones sexuales junto a una mujer veintiún años mayor, que le da seguridad y le hace sentirse bien consigo mismo, sin tener un mundo común pero que a ambos les conviene, sintiéndola cercana y distante a la vez. Donde la lectura era su manera de hablar con ella. Una mujer que un día desaparece y que después sabrá Michael que esconde un gran secreto.
En la segunda se centra en el juicio, a mediados de los 60, contra cinco mujeres acusadas de crímenes de guerra nazis. Michael es estudiante de derecho y es de una generación que nació al acabar la Segunda Guerra Mundial, y su asistencia al juicio es en parte una manera de contribuir a revisar el pasado, porque es imposible comprender lo que es incomprensible. Él forma parte de la siguiente generación, la que siente vergüenza, la que recibió la información sobre los horrores del exterminio de los judíos, la que ve que sólo unos pocos son condenados y castigados, y sienten culpabilidad por unos hechos tan terribles que vivieron de primera mano la generación anterior, creando un conflicto generacional sobre el drama de la historia alemana. Además, Michael se verá envuelto en una dicotomía trascendental donde la comprensión y la condena le producirán muchas preguntas sin respuesta, agravando sus miedos y reproches a sí mismo.
Y en la tercera es el cumplimiento de la pena y el desenlace, donde continúan las dudas sobre si es responsable o cómplice por haber amado a alguien que hizo algo terrible, teniendo la sensación de no estar haciendo lo correcto ni ante ella ni ante el mundo.
Esta novela contiene muchas preguntas y cuestiones que llevan a la reflexión sobre qué hacer o cómo sentirse ante el hecho de conocer el pasado de alguien a quién amaste y que en realidad no conocías. Un pasado que no te va a gustar nada y que te es difícil comprender, que quieres condenar, y no puedes olvidar, porque no sólo te afecta a ti sino a toda la humanidad. Sabes que no tenía derecho a hacerlo y qué hay una gran responsabilidad moral ante unos acontecimientos horrorosos. Sentimientos encontrados que llevan a plantearte como debieron sentirse muchos alemanes en la posguerra y posteriormente, porque ellos vivieron con el amargo recuerdo del holocausto. Y que el propio autor ha debido conocer, pues nació en 1944, ¿acaso tiene algo de autobiográfico?
Y es esta parte de reflexión la que más me ha llegado, porque la relación erótica entre un menor y una adulta queda absorbida por el juicio de crímenes de guerra nazis, por lo que Michael va enterándose y descubriendo, ese amor de juventud apenas es una introducción para llevarnos al eje principal del libro, que genera multitud de preguntas y dudas sobre las normas éticas que rigen la conducta humana, y la responsabilidad que tenemos cuando realizamos algún acto. Planteando cuestiones trascendentales cuando el amor y el horror se entremezclan.
Un libro que para mi va de menos a más, que he leído despacio porque necesitaba encontrar respuestas, que me ha mostrado un análisis diferente del holocausto nazi, y que recomiendo leer. Por cierto, también hay película, aunque no la he visto.

Algunas frases del libro:

“¿Por qué lo que fue hermoso, cuando miramos atrás, se nos vuelve quebradizo al saber que  ocultaba verdades amargas?”

“¿Qué era la justicia? ¿Lo que decían los libros o lo que se imponía y aplicaba en la vida real? ¿O más bien lo que, independientemente de los libros, obligaba a cumplir el ordenamiento de la época?”

“Yo sabía por propia experiencia que la vergüenza puede forzarlo a uno a mostrarse esquivo, a ponerse a la defensiva, a ocultar y desfigurar cosas, incluso a herir a los demás.”

“Quieres entender cómo es que hubo gente capaz de hacer cosas tan terribles.”

“Quería tener sitio en mi interior para ambas cosas: la comprensión y la condena. Pero las dos cosas al mismo tiempo no podían ser.”

“Cuando nadie te entiende, tampoco te puede pedir cuentas nadie. Pero los muertos sí. Ellos sí que te entienden.”

“No importa lo que hice o no hice, ni lo que ella me hizo a mí: es mi vida, eso es todo.”

Contraportada:

Michael Berg tiene quince años. Un día, regresando a casa del colegio, empieza a encontrarse mal y una mujer acude en su ayuda. La mujer se llama Hanna y tiene treinta y seis años. Unas semanas después, el muchacho, agradecido, le lleva a su casa un ramo de flores. Éste será el principio de una relación erótica en la que, antes de amarse, ella siempre le pide a Michael que le lea en voz alta fragmentos de Schiller, Goethe, Tolstói, Dickens... El ritual se repite durante varios meses, hasta que un día Hanna desaparece sin dejar rastro.
Siete años después, Michael, estudiante de Derecho, acude al juicio contra cinco mujeres acusadas de crímenes de guerra nazis y de ser las responsables de la muerte de varias personas en el campo de concentración del que eran guardianas. Una de las acusadas es Hanna. Y Michael se debate entre los gratos recuerdos y la sed de justicia, trata de comprender qué llevó a Hanna a cometer esas atrocidades, trata de descubrir quién es en realidad la mujer a la que amó...

Traducción de Joan Parra Contreras

martes, 13 de noviembre de 2012

LA FABULOSA HISTORIA DE HENRY N. BROWN de Anne Helene Bubenzer


Aunque estaba super avisada de que el protagonista es un oso de peluche, en la foto podéis ver lo bien acompañado que venía el libro, también en la contraportada te pregunta si no te molesta que lo sea, pero aún así me he sentido desconcertada en las primeras páginas, me ha costado meterme en la piel de este personaje, me ha pasado como cuando leí “Firmin” de Sam Savage, no asumía que el protagonista no fuera un ser humano, y algunas actitudes me ha sido complicado entenderlas. Después sin remedio le coges cariño, porque transmite ternura y calidez, y es que Henry escucha y consuela, mientras él es un testigo silencioso y nadie le consuela nunca, además un osito de peluche llora para sus adentros, y esa soledad interior te conmueve. Es curioso, observador, ávido de conocimientos, mira por la ventana o desde una vitrina o desde donde lo hayan colocado y contempla la vida, aprende a vivir con la gente, aunque sólo percibe fragmentos de la vida, lo que sus ojos pueden ver y lo que escucha, lo demás lo tiene que intuir. Sus comentarios parecen la conciencia del resto de personajes, a veces son reflexiones incisivas sobre situaciones políticas, para las que utiliza un lenguaje sencillo casi infantil, que transmiten esa inocencia y sinceridad que sólo los niños (y los peluches) son capaces de utilizar para mostrarnos una visión clara de la realidad.
La vida de Henry es larga, desde 1921 hasta la actualidad, ha tenido muchos dueños: Alice, Lili, Leo, Robert, Friedrich, Marlene, Charlotte, Franziska, Melanie, Julchen, Isabelle, Giulia, Laura, Nina. De edades y países diferentes. Con ellos ha compartido algunos de los momentos más importantes de la historia del siglo XX, y ha vivido muchas vidas, unas mejores que otras, incluidos los años sin hogar, pero de cada una ha aprendido, le ha aportado algo y ha contribuido a su enriquecimiento interior. Siente que no querría prescindir de ninguna de esas vidas, porque de todas ha reunido imágenes, pensamientos y vivencias. Henry está satisfecho de lo que ha sido capaz de dar a sus distintos dueños, y el secreto lo tiene guardado dentro.
Para mi esta novela tiene altibajos, porque cada historia que recuerda con cada uno de sus dueños tiene diferente intensidad, unas son más largas que otras con lo que hay personajes que llegas a conocer más y otros apenas, de la mayoría no sabes que será de ellos, no he conseguido empatizar con ninguno, tan sólo unos me han caído más simpáticos que otros. He echado de menos un poco más de profundidad. También según la época que narra produce más o menos interés por los acontecimientos que suceden. Aunque consiguen mantenerte en vilo las escenas del momento presente que figuran al final de cada capítulo.
Un libro diferente porque su protagonista también lo es.

Algunas frases del libro:

“El amor es un lenguaje en el que todo puede decirse sin palabras”

“Nadie vive sin dejar huella.”

“Quien siempre está solo con sus pensamientos aprende a explicarse historias a sí mismo.”

“Soy un observador, un nómada a través de países y épocas, de la guerra y la paz.”

“Mi naturaleza no prevé guerras. No estoy hecho para odiar.
Qué lleva a la gente a dispararse mutuamente es algo incomprensible para el corazón de un osito. Yo no soy amigo de los niños, ni amigo de las mujeres o de los hombres, ni amigo de los soldados ni amigo de los que oponen  resistencia: yo soy amigo de los seres humanos, esa es mi disposición natural. En mi pecho hay amor, nada más.”

“Nadie puede decidir sobre los demás. Ya seas una persona o un oso de peluche, sólo tú mandas sobre tus ideas.”

“Se fueron y yo me quedé despierto en la quietud de la noche, preguntándome qué clase de personas permitían que una niña sufriera por cuestiones políticas.”

Contraportada:

Soy ciudadano del mundo, pero nací en Bath el 16 de julio de 1921, cuando Alice me cosió mi segundo ojo. Me llamo Henry N. Brown y soy un osito de oeluche. Pero no soy un osito cualquiera, pues Alice introdujo en mí un secreto que ella llamaba “amor” y que me hace diferente.
Ahora que ya tengo ochenta años y no soy el juguete preferido de los niños, me he dejado convencer para contaros mi historia. Mi historia que es también la de todos aquellos a quienes he amado a lo largo de los años en Inglaterra, Francia, Alemania, Noruega, Italia, Hungría... y ¡hasta en Nueva York!
Os hablaré de la guerra que asoló Europa y entristeció muchos corazones, pero también de la felicidad de compartir, de aportar consuelo y alegría, de formar parte de una familia, de haber conquistado a adultos y niños. Tengo tantas cosas que contar... Esta es mi historia.
Y que sea un osito de peluche no os molesta, ¿verdad?

Traducción de Lidia Álvarez Grifoll

Gracias a la editorial Grijalbo por el envío de este libro

lunes, 5 de noviembre de 2012

LIBERTAD de Jonathan Franzen


Es difícil hablar de un libro que está avalado por los críticos y que se considera la mejor novela norteamericana. Y aunque ese fue uno de los motivos por los que lo he leído, esperando encontrar una obra maestra, tan sólo me he encontrado con una buena novela. No ha sido tanto como esperaba, está claro que es mejor no poner el listón alto, pero si es un libro recomendable, y seguro que habrá quién extraiga mucho de su argumento.
Aviso que las primeras cien páginas, más o menos, se hacen algo pesadas, cuesta entrar en la historia, después si consigue mantener el interés. Gracias a la multitud de temas que aborda, como la política, el 11S, Irak, Afganistán, el medio ambiente, el racismo,  el alcoholismo, la relación padres hijos, el capitalismo, el crecimiento demográfico, la demografía sostenible, la biodiversidad o las personas depresivas, entre otros. Y gracias también a los personajes, destacando:
Patty, una mujer que no habla mal de nadie. Es ama de casa, no tiene ocupaciones, por lo que tiene mucho tiempo libre. Tiene dos hijos adolescentes, Joey y Jessie. Cuando el chico se va de casa culpa a Walter, su marido. Distanciándose aún más su relación. Siente un vacío en su vida, no es feliz, está deprimida, desquiciada, utiliza el alcohol en defensa propia. Hay momentos en que sus hijos son más adultos que ella. Su inestabilidad emocional proviene de la relación con sus padres, él abogado y ella política, quienes nunca se preocuparon de ella, sintiéndose desatendida, incluso cuando de joven sufrió una grave situación en su vida. Sintiendo amargura y refugiándose en el baloncesto. Involucrándose tanto que vivió en el mundo atleta total, hasta que otro suceso marcó su carrera deportiva.
Walter tiene como cualidad más destacada su bondad natural. Y la capacidad de convertir el sitio dónde está, sea cual sea, en un lugar acogedor. Le molesta y preocupa la indeferencia de sus paisanos, los problemas de la demografía y la sostenibilidad. Ha pasado toda una vida al lado de Patty, aguantando su inestabilidad. Mientras los demás piensan de este matrimonio que aún no han aprendido a vivir.
Joey es un joven frío y dueño de sí mismo. Pone en duda los fundamentos de la autoridad de sus padres. Respetando a su padre, pero manteniendo una mala relación. Mientras que su madre quiere que tenga la vida que quiera tener. Joey deseó que hubiera otro mundo, un mundo más sencillo en el que fuera posible disfrutar de una buena vida sin hacerlo a costa de nadie. Se mete en un negocio del que puede sacar muchísimo dinero pero luego se da cuenta de que puede morir gente.
Jessica, apenas se habla de ella, es una joven que permite a los mayores albergar esperanza sobre el futuro.
Richard, un músico famoso, amigo de Walter desde la universidad y alguien especial para Patty. Encontraba en ellos un mundo difusamente acogedor de amparo doméstico que se vino abajo de la noche a la mañana.
El autor ha utilizado la técnica de la narración a varias voces consiguiendo acercarnos todavía más al interior de estos personajes.
La novela está estructurada en varias partes: Buenos vecinos; Se cometieron errores (autobiografía de Patty); 2004; Se cometieron errores (conclusión); Lago de Canterbridge Estates.
Llevándonos del presente al pasado y viceversa, profundizando en la personalidad de cada personaje, tomando conciencia de la importancia de sus decisiones, esas que les marcarán el rumbo de sus vidas, y las cuales en algún momento les proporcionarán libertad y en otros todo lo contrario. Por un lado buscan la libertad y por otro se compadecen cuando la tienen.
A través de tres generaciones de una familia estadounidense reconoceremos el reflejo de la sociedad de nuestro tiempo, con temas muy actuales. Girando todo entorno al problema de las libertades personales y los diferentes conceptos de libertad.

Algunas frases del libro:

“Lo quieres tal como es, no cómo te hace sentir.”

“Los padres tenían el deber de enseñar a sus hijos a distinguir la realidad.”

“Dónde quería estar, y con quién quería estar.”

“En la vida es bueno tener amigos. Si quieres tener amigos, debes recordar que nadie es perfecto.”

“Usa bien tu libertad.”

“Toda especie tiene el derecho inalienable a seguir existiendo.”

“Todos sabemos que una vida humana vale más que la vida de un pájaro, pero ¿vale más mi pequeña y triste vida que toda una especie?”

“Cualquier trabajo honrado da dignidad a un ser humano.”

“El mundo no era justo y nunca lo sería, siempre habría grandes ganadores y grandes perdedores.”

“Patty es capaz de tratar a los niños sólo como niños: como pequeños individuos interesantes y en esencia aún no contaminados, deseosos de aprender a escribir para poder contar sus historias.”

Contraportada:



Patty y Walter Berglund son miembros de una nueva y floreciente clase urbana, pioneros en la recuperación de un barrio degradado. Además de madre modélica y esposa perfecta, Patty es la vecina ideal, la que sabe dónde se reciclan las pilas y cómo escoger un colegio adecuado para los niños. Junto con su marido Walter, abogado ecologista y ferviente defensor de la bicicleta, aportan su grano de arena a la construcción de un mundo mejor. Sin embargo, la llegada del nuevo milenio pone la vida de los Berglund patas arriba. Su hijo quinceañero se instala en casa de los vecinos republicanos, Walter acepta trabajar para una compañía minera, y Richard Katz, antiguo compañero de Walter, rockero extravagante y mujeriego empedernido, cobra un protagonismo insospechado en la pareja. Pero aún más desconcertante es la evolución de Patty, que de ser la figura más activa del barrio se ha transformado en una mujer ensimismada en la búsqueda de su propia felicidad.

Traducción del inglés de Isabel Ferrer